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-“Necesito un tiempo” – Alejandra parte 2

Lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo.” – El principito, Antoine de Saint-Exupéry

“Y , al final, terminamos siendo pareja. O algo similar” – Así termina el primer email de Alejandra
Intrigada por como sigue esta historia, abro el segundo email, entonces…
 
Y Aleja me cuenta un poco más:

…..

Al principio yo era algo fría y distante.
Era de esperar, tomando en cuenta que la relación venía indefinida y que una va con los sentidos alertas a partir de cierta edad, cuando ya nos hemos quemado algunas veces con leche.

Sin embargo, no pude resistirme mucho, porque en la intimidad éramos dinamita.
Puro ardor, fuego y pasión combinados con altas dosis de cariño, delicadeza y ternura… por un rato.

Porque me pasó algo que nos suele pasar a Las Desafortunadas: Cuando la historia ya llevaba algo así como dos meses y medio y yo ya podía considerarme enganchada, él empezó a desaparecer.
Repentinamente, luego de la fiesta de mi cumpleaños dejó de responder a mis mensajes y se ausentó durante toda una quincena.
Cuando finalmente conversamos me pidió “un tiempo”.
Aguantando un poco lo ridículo del planteo, lo dejé ir.

Volvió a llamarme unos días más tarde, para contarme que había vuelto a hablar con su ex novia, que estaba en Bélgica – hasta en otros paises Las Desafortunadas tenemos rivales -, que estaba confundido, porque creía, – nótese el uso de la palabra “creía” – , que se estaba enamorando de mí, pero que tenia presente a esta otra mujer de la que yo nunca había escuchado hablar.

Sin dar crédito, deseando que por una vez me mintiesen, me aparté de su camino. Unos primeros días de duelo y la soledad se volvía a sentir ok.
Pero Juanjo volvió.

A pedirme que continuásemos con la relación, mientras que se aclaraba la cabeza…

CONTINUARÁ…

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Las Pierce, just branding

La suerte de la fea, la linda la desea” – anónimo.

Desde chica adiviné que iban a ser parte de Las Afortunadas.
De familia acomodada, bien educadas, gráciles, femeninas y hasta con destreza natural para artes y deportes. Y, como si fuera poco: soberbiamente bellas, las chicas de Pierce.

Sus ojos claros iluminaban la tierra que pisábamos nosotros, los mortales, contrastando con sus pieles doradas durante todo el año. Glamorosas ellas, casi en la categoría de “Diosas”, las mellizas Bárbara y Linda Pierce.

Linda Pierce. Tan inteligente que era brillante, pero con modales simples, con rostro galés, frente amplia, labios carnosos. Esbelta y de belleza clásica, paraba el tránsito de las calles de Isidro cuando caminaba hacia el club con su palo de hockey, Linda.

Bárbara Pierce. Tan misteriosa y felina. El alma de todas las fiestas, la protagonista de todos los school plays, la que salía filmada en la tele porque el camarógrafo del trece no podía despegarse de su embrujo el primer día de la temporada de Punta, quitaba la respiración, Bárbara.

Por supuesto, eran las novias de los hombres más deseados de la ciudad.
Hacían justo honor a su nombre, tan lindas ellas, tan bárbaras.

Las conocí cuando todavía también yo era parte del clan de Las Afortunadas, durante la facultad, y por cosas del destino, dejé de verlas justo antes de dejar de serlo.
Durante esta última década me las imaginé exitosas en prácticamente todo, con fortunas concordantes con el pasado que habían sabido disfrutar.

Ayer volví a ver a las mellizas Pierce luego de diez años en una reunión más de fin de año. Y si bien vengo de una década infame de derribar mitos y destruir castillos imaginarios, aún así no podía creerlo, tan atada que está una al pensamiento de que el futuro está en línea con el pasado, cuando no es así.
Y – por favor, que cliché – no esperen que les diga que me las encontré arruinadas, feas e insulsas. Eso no pasó. Estaban, incluso, mejoradas respecto de mis recuerdos.
Linda seguía siendo linda. Bárbara seguía siendo bárbara.
Las mellizas Pierce, sin embargo, no habían tenido suerte en el amor, contra todo pronóstico.

No viene al caso contarles sus historias falladas, de traiciones y desencuentros, de pena y dolor, de cartas astrales frustradas.
Lo que si es importante es que les cuente que nos pasamos la tarde mirando fotos de casamientos y maridos y bebés de las que considerábamos chicas promedio hace 10 años atrás. Felicidades de aquellas que hace quince años no se destacaban, que parecían no atraer, que se consideraban invisibles. Ellas, que estaban ahora casadas, noviando, con hijos, con amantes. Ellas, que eran queridas por tantos, las nuevas chicas populares.

Y las Pierce, solas.

Otro claro ejemplo de que el branding puede construir un lugar en la mente del consumidor target pero, finalmente, puede fallar en el momento de la verdad, a la hora de la venta.

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Oda a mis amigas casadas

Pero a los ciegos no le gustan los sordos

y un corazón no se endurece porque si

-No calentás la misma cama por dos noches –

me reclamaba y no la quise oír

hice de todo por impresionarla

y deje huérfano todo su penar

-Pero dos que se quieren se dicen cualquier cosa

¡Ay! si pudieras recordar sin rencor” – La Hija del Fletero, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

 

Tengo muchas amigas casadas.

Es una cuestión de edad, de ciclos de vida: No se puede tener treinta y pico y no tenerlas.

 

En afán clasificatorio y para entenderlas, esporádicamente quiero juntarlas según un mismo patrón, pero, de la misma manera que me sucede con mis amigas solteras, no encuentro un único grupo que posea un común denominador, además de su estado civil con contrato legal de por medio.

 

Aunque si encuentro alguna división según su actitud hacia mi propia soltería:

  • Están las que se compadecen de mi en público.
  • Están las que me envidian en secreto.

 

 

Las pertenecientes al primer grupo se encargan de hablarme permanentemente de las bondades de la vida de a dos.

Pregonan sus creencias casi exageradamente, ponderando lo fantástico que es saber que “el amor es más fuerte” hasta convertirlo en mantra, afirmando lo fabuloso de anteponer todas las urgencias y necesidades de sus queridas células familiares a las suyas propias.

Son apóstoles de las familias tradicionales y no aceptan ninguno de los nuevos paradigmas sociales que yo, como madre soltera, represento.

 

Generalmente organizan cenas y fiestas en donde el número de mujeres y de hombres siempre es coincidente.

No me invitan, pero cuando lo hacen, se empeñan en presentarme a otros no casados de modo de mostrarme el camino hacia una felicidad que, evidentemente, desconozco.

 

A la vez, sospecho que pretenden en fueros internos que yo deje de ser una amenaza,  un campo minado, una bomba de tiempo impar en sus sociabilidades duales:

Estoy convencida que me querrían más si abrazara la dualidad..

Creo que la posibilidad de que alguna de mis desventuras, historias o andanzas despierte en sus maridos o – ¡peor aún! – en ellas mismas algún atisbo de duda, alguna añoranza de un pasado que ya no es, algún celo o envidia … las aterra.

 

Si empiezo a salir con alguien inmediatamente ellas proyectan un oasis de felicidad en donde las diferencias que hoy nos separan desaparecen. Si yo me emparejara, sería fácil compartir de nuevo actividades varias, tiempo y  espacios que, hoy no compartimos.

Nuestros hombres podrían hacer asados, jugar al poker, ir de pesca….

Ganaríamos todos, sería una gran ventaja que yo dejase de empeñarme en la soledad.

 

 

 

Pero hay otro subgrupo de amigas casadas.

 

Son las que me piden anécdotas, me hacen relatar historias de sábados a la noche.

Son las que quieren escuchar de esa vida que no viven hace tiempo. Consumen mi blog con voracidad. Quieren datos jugosos del living la vida loca.
Percibo que añoran exageradamente sus vidas de solteras. Me da la sensación de que valoran poco lo que tienen.
Creen que mi vida es más glamorosa, más excitante y probablemente creen que yo soy más feliz.

Les pregunto cómo están y me responden: – “Bien, bien, lo de siempre”.

 

 

Finalmente tengo amigas casadas a las que el estado civil no les pesa. Son mis preferidas. Viven emparejadas felizmente aunque reconocen que la felicidad no depende del estado civil. Saben estar bien en su matrimonio como sabrían estar bien solitas. Me quieren por quien soy y no consideran que mi soltería me defina.

 

 

Las amo, a todas ellas. Al final, son mis amigas. 

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Caterina no da con el perfil

 “Sólo se ama lo que no se posee totalmente” – Marcel Proust (1871-1922)

 

– “Estoy enojadísima, Vera. Furiosa. Pero conmigo” – me dijo ayer Cate, cruzada de piernas y brazos por el frío y fumando el quinto cigarrillo de la última media hora.

-“Conmigo. CONMIGO.… 

Por esa necesidad que tengo de parecer tan buena, tan comprensiva, tan amigable, tan respetuosa de las apariencias.

Por querer mantener los códigos de convivencia, las normas sociales aceptables.
 

Por haber permanecido calma hoy a la tarde, cuando lo vi aparecer del brazo de esa mosquita muerta que eligió para reemplazarme”.

 

La dejo tomar aire pero no hablo. Miro para abajo y me muerdo los labios tan fuerte que se que van a quedar marcados: se lo que siente Caterina. La entiendo.

 

– “¿Mosquita muerta, decís?” – repregunto después de que traga el humo como si lo necesitara para respirar.

 

– “Muy. Tan perfecta para presentarle a mamá.

Tan bien vestida con sus colores pasteles y sus perlas, tan bien peinada, tan lacia con raya al costado.

Tan merecedora del doble apellido que la espera.

Tan ideal como accesorio de su estatus gerencial.

Tan dispuesta a quedarse en casa y a ir a pararse a la puerta del jardín de infantes con las llaves de la cuatro por cuatro y las botas y TAN sin pasado.

Tan sin hijos o escándalos anteriores”.

 

 

Pobre Cate. Pobrecita Cate, reemplazada por el prototipo de Chica-Para-Vivir-En-Un-Country-De-Pilar

 

– “Tan pero tan opuesta a mi, Vera…

Verla con él me dieron unas ganas de gritar, de vomitar, de reaccionar.

Y no hice. No dije.

Verla con él y entender que todo este tiempo estuve engañada.

Que no hubiese podido ser elegida ayer, ni nunca.

Que el amor era mucho menos importante que el deber ser.

Que la piel erizada se reemplaza por brushing prolijito, voz suave y manicura francesa”.

 

 

Caterina ahora llora, diciendo:

– “Estoy furiosa conmigo, especialmente, por no aprender:  por querer seguir siendo esa mujer que atrae, pero que representa un riesgo.

Por no copiar este otro modelo: el best seller, el que da resultado.

Por persistir en la soledad“.

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Meet Maggie

I’m not in love, so don’t forget it.
It’s just a silly phase I’m going through.
And just because I call you up,
Don’t get me wrong, don’t think you’ve got it made.
I’m not in love, no no, it’s just because…”

–  10CC, I´m not in love

¡Atención!

Tengo una amiga para presentarles: conozcan a Maggie.

 

Altamente recomendada para fóbicos al compromiso, para tratamientos de shock en casos de histeria masculina, una compañera ideal de ninfómanos y la mejor candidata para curar misoginias varias; mi amiga Maggie derrite el hielo más frío, parte la tierra, detiene el tránsito.

 

Llena de actividades de lo más variadas, la agenda de Maggs está tan pero tan completa que jamás tendrá tiempo para reclamar una relación más seria, no llamará jamás en horarios inconvenientes, no querrá conocer a sus mamás.

 

Poseedora de una belleza extraordinaria, Maggie aparece y corta la respiración de los hombres que pisan el mismo suelo. No sufre la soledad, sino más bien el acoso, condenada a que la revoloteen zánganos, moscas y muchos hombres que no pueden resistirse al color mil de sus ojos gigantes o al tamaño y la forma de sus labios.

 

Naturalmente, la seductora Maggs no podría, aunque quisiera, ser fiel a una historia: ella seduce hombres de forma seriada y continua. Como en la fábula del escorpión, puedo dar fe de que no podría ser de otra manera: es su naturaleza.

Pero claro, es una mujer trofeo de las que no se encuentra fácilmente:

Como compañera ocasional Maggie puede ser tu pasaporte al nirvana: es divertida, amena, graciosa, inteligente. Divierte a tus amigos.

 

No tiene prejuicios:  Es altamente probable que duerma con vos en la primera cita y más probable aún que sea ella quien tome la iniciativa sexual en cada momento que pasen a solas.

 

Tiene, eso si, algunas exigencias en la cama: su satisfacción viene siempre siempre antes que la de su compañero y definitivamente tiene altos standards de tamaño y de grosor.

Los eyaculadores precoces deberán abstenerse o prepararse a rogar por perdón y clemencia.

No le interesan las palabras de amor ni los juegos previos.

No pasa la noche en tu casa ni te invita jamás a la suya.

No escucha tus problemas en el trabajo.

No prepara tu desayuno.

 

Si querés salir con Maggs tenés que vestirte bien y tener un buen auto. Y, definitivamente, no deberás ser celoso.

 

Ella va a querer jugar strip poker con vos… y con todos tus amigos.

Tu socio va a conocer la ubicación de su tatuaje secreto. 

Va a insinuársele a tu primo.

 

Y, por sobretodo, no podés permitirte perder la cabeza por ella:

cuando Maggi detecta algo parecido a un brillo especial en tu mirada puedo garantizarte que va a dejar de atender el teléfono.

 

¿Te la presento?

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