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Diagnóstico de mi situación actual. Parte 1

No se olviden nunca que los melones se van acomodando en el camino , y este camino es largo, y la vigencia te la da la vida …. ” – @flaviapalmiero

Yo viví una fantasía durante muchos años.
Creía habitar en un mundo perfecto, en donde las cosas llegaban a quienes lo merecían, el mundo de la posibilidad, de la causa y del efecto.
 
Hace tiempo que veo mi vida de forma más consciente, más real.
Entiendo un poco mejor quien soy y qué es lo que logré hasta ahora.
Se mejor lo que puedo esperar del futuro y qué sueños necesito dejar atrás.
Producto de nuevas compañías, de muchas sesiones de encuentro conmigo misma en el diván de mi psicóloga y, también, fruto de haber tenido que enfrentar realidades duras, de esas que hacen que tengas que dejar de lado la burbuja para siempre.

Y no voy a decir que el corrimiento del velo no tiene sus cosas positivas: libera, hace crecer y, a la larga, frustra menos.

Es cierto que tener los ojos abiertos es necesario, hasta imprescindible, si no se quiere terminar el vuelo como un Ícaro cualquiera.

Pero como cuesta. Cuánto más confortable era ser ciega.

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Difícil IV – carta a mi futuro marido

Es tan difícil olvidar tu sensación
como tu piel, nena no hay como tu olor
es tan difícil, todo vuelve a empezar
solo te pido nena la oportunidad
” – Difícil, Los Piojos

Carta a mi futuro marido

Suponiendo que esto del arroz, el confeti y el felices por siempre alguna vez vaya a pasarme, yo se que voy a necesitar el texto que sigue:

Amor

Yo se que estás desilusionado ahora.
Que, mirando atrás, yo prometía ser mucho mejor partido de lo que en realidad soy.

Pasó el tiempo del flash, de los espejitos de colores y del plumaje real desplegado y, ya ves, soy esta.
Una mujer difícil, que muchas veces hubiera requerido un manual de instrucciones, un modo de uso.

Que busca casi siempre en lugares equivocados.
Que muerde sus uñas en forma irremediable.
Que falla una y otra vez en perpetuar dietas imposibles.
Que quiere llevarse bien hasta con los que no la quieren cerca.
Que no sabe volar, que ni siquiera flota un poco.
Que no relaja.
Que, con complejo de wonderwoman, se compromete a más de lo que puede resolver y luego, casi inevitablemente, se frustra cuando el tiempo y las energías no alcanzan.
Que no reclama, porque no sabe cuando ni como, por aquello que simplemente le corresponde.
Que falla en exigir respeto de sus jefes, de sus colegas, de su equipo.
Que carga culpas exógenas que le pesan tanto y que son fuerzas determinantes a la hora de decidir y que pesan como cruces.

Cuyo único gran sueño es ser feliz.
Cuyo único desvelo es esa paz que no llega.
Cuya posibilidad de alta en terapia es prácticamente nula.

Quisiera ser menos dócil.
Convivir con lo complejo.
No aterrorizarme frente a la adversidad.
Quisiera ser más luchadora.
Mejor mujer.

Y veo que te das cuenta que no está todo bien.
Aunque mi mirada sea tan críptica para el resto del mundo, vos sabés.
Y por más sonrisa dibujada que tenga a flor de labios vos me ves.
Perdida y triste.
Compleja.

Amor, con el mayor de los respetos:  

Una hueca o una mediocre eran mejores opciones posibles.

Reconsideralo.
Vivo difícil.

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La génesis de la mala suerte serial. El estigma familiar, primer parte.

 “Es tan corto el amor y es tan largo el olvido” – Pablo Neruda

Mi abuela Mimí dejó su España natal cuando tenía 17 años y su patria se quedó con sus hermanos hombres, con su caballo chueco, con sus amigas y amigos, con buena parte de su familia y con Joaquín, el amor de su vida.

Hasta que tuvo 27 años no se resignó a no volver. Soñaba con recuperar su Norte, deseaba desesperadamente ahorrar para escaparse de su nueva realidad sureña tercermundista pero, claro, habiendo emigrado hacia estos pagos, diez años de ahorro no alcanzaron para juntar para el pasaje en barco, ni mucho menos.

Una década de juventud malgastó en cartas que, cada semana, cruzaban el mar para intentar rescatar y preservar ese amor hacia este apuesto joven catalán, que había jurado eterno.
El amado en cuestión, aseguraba a quién quisiera oírlo, que tarde o temprano viajaría a su encuentro. Ella, que lo esperaría hasta que el ansiado encuentro fuera finalmente cierto.
Pero nada de esto se volvió realidad y si bien creían firmemente en sus compromisos y tenían voluntades férreas, el tiempo y las varias dificultades de la vida fueron complicando planes y postergando los sueños y la posibilidad de Mimí y Joaquín.

Un día de enero, mi abuela vio a mi abuelo Bernabé en los carnavales.
Era el único que no estaba de juerga. Parado al lado de sus amigos, el se destacaba por transitar las celebraciones sobrio, callado y sereno.
A Mimí eso le pareció correcto y decidió en segundos, dejar España finalmente atrás.
Unos meses después, Mimí y Bernabé estaban con compromiso firme y planes sólidos de una familia que no demoró en llegar.

Mimí siempre supo que no estaba enamorada y que nunca iba a enamorarse de Bernabé, su marido. Pero frente al miedo de ser solterona en un mundo machista y demasiado complejo para ella, un buen hombre cerca, que la cuidara y respetara era mucho mejor para ella que la triste y agónica inconveniencia del amor, que solo le pedía tiempo, que solo la hacía sufrir esperas demasiado largas, demasiado crueles.

No fue hasta mucho después de aquel carnaval que Mimí pudo volver a los pagos. Allí se enteró que su Joaquín, ese en quien jamás había dejado de pensar, se había suicidado en su taller de Cataluña, con apenas 32 años.

Dicen en el pueblo que entre sus cosas encontraron una carta a medio escribir, un pasaje en barco y un testamento que lo nombraba como heredero único de una finca en Tandil.

Cuando me puse a preguntar sobre el tema di con un primo lejano que me confirmó que en el pueblo todavía se recuerda la desgracia que ocurrió el mismo día en el que el cartero estuvo atareado, yendo de casa en casa, repartiendo participaciones con noticias frescas de cierta boda a realizarse en Buenos Aires.
La mala suerte serial existe en mi familia desde entonces.

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Jugando siempre el mismo juego, la historia de Ale, epílogo

“De repente
Todo vuelve a suceder
Voy corriendo
Para verte otra vez
¿Vos quien sos?
No nos mintamos, n
o llores más
Soy como un río
Que no puede parar
Todo cambia
Y todo cambia
…” – Man Ray

No preservarse del dolor, exponerse a personas y situaciones que ya sabemos, son dañinas : Le pasa a Ale, nos paso a todas.

Eso pensaba mientras me hacía un café, hoy temprano, preparándome para abrir este, el cuarto y último email de la saga.

Desde su puñado de líneas final, Alejandra siguió relatándome su tortuosa historia, diciendo así:
 

Perdón por la interrupción de hace unos días… ¿vos viste como hay veces que se cruza alguien o algo y perdés toda racionalidad? 
Bueno, escuché el timbre, pensé que tal vez era él y me olvidé de todo.
No falló el instinto. Era Juanjo, claro. Y me pidió disculpas.
Yo las acepté, no me quedaba opción- ¡me resulta tan irresistible! – y volvimos a ser amigos, o algo similar.
Podría decirte que acá termina la historia, pero se que no es cierto.
Así es que, haciendo futurología, voy a contarte qué es lo que va a pasar y si tuviera dinero, te lo apostaría a que estoy en lo cierto.
Vera, por mi madre, creo que la suerte está escrita así como sigue:

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El ex de una amiga: la historia de Alejandra

“Mis hermanas son mis mejores amigas, mis mejores amigas son como hermanas.”  – Eloísa Monsalve

Lo bueno de la virtualidad es que te permite ampliar la mirada, conocer otras realidades, aprender a sentirse menos sola con las experiencias de los otros.
Ayer entré a Facebook y tenía este mensaje de una de mis nuevas amigas: Como no puedo revelar su nombre, digámosle Alejandra…
El mail escribía así:

 

Vera

Yo no sé si esta es una historia digna para tu blog.
Pero, por lo menos a mi, ya me ha quedado claro que soy víctima de la mala suerte serial.
Incluso le he mostrado tu blog a mis amigas y ellas coinciden conmigo: somos parte de la casta de Las Desafortunadas y nos sentimos muy identificadas con tantas historias que podrían ser las nuestras.

Ahora mismo tengo el corazón hecho añicos y ocupado por el odio. Ya se que suena feo, pero es lo que siento: ¿Se puede odiar a alguien sólo porque te hace sentir desdichada, confusa?

Tengo ganas de hablar. Quiero compartir mi historia con vos y con todos de una manera limpia y sincera. ¿Me dirás, luego, si para vos vale la pena compartirla con otros?
 
Besos grandes,
Alejandra


Pues si, Ale, es una historia digna para el blog. Acá va la primera parte:

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receta para tratar con hombres celosos

 

El enamorado celoso soporta mejor la enfermedad de su amante que su libertad.” – Marcel Proust

Lo que pasó cuando Pampa vio plasmada la historia de Filomena en el último post es que ella, siendo la eximia contadora que es, quiso que también cuente la historia de Ernestina, simplemente para armonizar la balanza, para equilibrar el peso. Se sabe que la necesidad de equilibrio es una de las principales búsquedas de la profesión del Debe y del Haber, con lo cual no quise oponer resistencias.

Entonces, acá va, a pedido de ella:

Ernestina, hermana de Filomena, fue siempre la hermana linda.
Mientras que a Filo la querían por modosita, simpática y bien educada a ella le alcanzaba simplemente con su belleza usada como pasaporte al lado “A” de nuestros círculos sociales.
La reina de la primavera, la que siempre era invitada a bailar primero en los asaltos, la que no hacía fila y pasaba gratis en la matinée, la que tuvo novio de 5to en primer año, la liberada en el viaje de egresados.
Su sonrisa derretía el hielo más ártico, sus piernas paraban el tránsito, sus uñas rojas eran impecablemente sensuales.
Con cabello largo que comprometía la respiración de más de uno y escotes que, al provocar taquicardia segura, no eran aptos para cardíacos.
Famosa por sus polleras cortas y sus tacos de 10 centímetros, Ernestina era feliz hasta que conoció a Guillermo.

Guillermo, que una vez que la volvió “Su” Señora, la sintió parte de su propiedad. Como si, libreta de por medio, la hubiera adquirido para su consumo exclusivo.
Como poseído por un Mr Hyde celoso, empezó a fijar reglas de comportamiento, normas y manual de uso del papel de esposa fiel y responsable.

Fue así que desde que Ernestina se casó ya no pudo trabajar, ni salir con sus amigas, ni usar tacos, escotes o esmaltes rojos en sus nuevas uñas – ahora cortísimas.

Las polleras pasaron a ser largo Chanel, los colores estridentes fueron apartados del guardarropas.

Ernestina acató sin resistirse. Para ella también casarse significaba “atarse“. Ser era, de alguna manera, obedecer.

La vimos hace poco, caminando al lado de su marido, empujando el chango del supermercado.
Nos costó reconocerla: Ella, la más linda de todas, ahora una mujer en batón que era dos veces el tamaño original de la hermana de Filomena.
A tres años de casada, Ernestina lleva subidos 54 kilos de pura angustia.
 
Y Guillermo todavía vigila.
Sufre, porque no sabe como hacer para que no la mire nadie.

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Los anteojos de Lana: mirando la vida con prismas de colores

 “No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi.” – Rayuela, Julio Cortazar

Lana ve la vida con anteojos. Pero, en lugar de ayudarla a ver mejor, sus varios pares van tiñendo su realidad de maneras diversas, volviendo sus días más o menos tolerables según el filtro a través del cual observa aquello que la rodea. Así, al cambiar de gafas pasa de feliz a triste, de pasiva a productiva, de peor a mejor y viceversa.

Cuando le toca un día de anteojos rosas aparece la Lana enamorada. De si misma, del hombre que tenga al lado (sea o no un digno merecedor de tal afecto), de la vida. En las calles citadinas escucha pájaros cantar. En plena tormenta vive románticamente el golpeteo de las gotas de lluvia contra los cristales. Los perfumes son más agradables, las flores más perfectas y los vecinos más amables. Compra regalos y cocina de dedicadamente para quienes ama. prende velas. No se siente sola. Hace dieta porque simplemente no tiene hambre. Flota, vuela, en los días de anteojos rosas.

Los días de anteojos azules acontece Lana triste. Nostálgica y depresiva llora y come compulsivamente chocolate. No quiere salir de la cama y arrastra los pies. somatiza todo y cree que se va a enfermar. En estos días siente que todo tiempo pasado fue mejor y que no hay forma de salir del espiral descendente. Los días azules Lana sufre y sufre y sufre por lo que perdió.

Claro que también existen días negros en donde despierta Lana furiosa. Delante del ciego antifaz no hay nada y la vista nublada no permite esperanza ni paz. El mundo es de una oscuridad total y en él todo se cae y se derrumba por igual. Una jaqueca es un cáncer en potencia y la pelea con una amiga es definitiva. En el mundo negro Lana no sabe pedir perdón ni aceptar una culpa: quiere destruir y tiene fuerzas para arrazar con todo y con todos. Es irónica, mordaz, perra. Está cansada, está enojada, harta, molesta.  No aguanta más y desespera.

Hay días de anteojos amarillos en donde Lana intérprete psicoanaliza e interpreta lo que ocurre según su tamiz. Hace listas de teorías conspirativas, saca conclusiones y asigna valor. Pesa, mide, registra. Cree que tiene todas las respuestas. No confía ni en su madre ni en la Biblia ni en la dieta de la luna. Anota cuidadosamente en el debe de su libro diario todo aquello que hace por los otros, esperando poder cobrar el tiempo y los recursos invertidos.

Con los anteojos verdes aparece la Lana enfrentada, enervada, envidiosa.  Con los violetas la Lana compasiva, fiel, generosa. Con los Bordeaux la payasa, fiestera, alma de las fiestas. Con los Lima la soñadora empedernida que no conecta con la realidad. Con los naranja la artista. Con los Rojos la apasionada.

En la vida de Lana hubo varios intentos frustrados de amor:

  • El príncipe encantador solo la quiso en rosa.
  • El conspirador la amó amarilla y el nostálgico compensó con adoración los anteojos cristal bordeaux.
  • El optimista la quiso rescatar del negro…

Pero ninguno de ellos la quiso en technicolor.

La amaron en una o dos de sus facetas, pero nunca por completo.  Y su historia de Mala Suerte Serial tiene que ver con no poder encontrar a ese que entienda que, finalmente, los lentes son solo lentes.
Que  fácilmente puede correrle el pelo, quitárselos y dejarlos descansando en la mesa de luz .
Al menos hasta el otro día.

Este post dedicado especialmente en su cumpleaños a @sebasp
Sin vos, Sebas, no habría blog ni Vera. Danke.

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