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Duilio e India: el casamiento se pone en marcha

Pollerita colorada color de aji
De verde te ando pidiendo que digas si
De verde te ando pidiendo que digas si
Mita’ pa’ mi, mita’ pa’ vos
Cuando nos casemos va a llover arroz
Mita’ pa’ vos, mita’ pa’ mi
Ahi te ando deseando pero me mentis
”  – Polleritas , pero cantada por Mercedes Sosa.

Los teléfonos de India no paraban de sonar.
Pero no solo eso interrumpía el silencio: también se escuchaba, de tanto en tanto, el llanto – seguido de suspiros – seguido de algo de silencio – seguido de más llanto- en el departamento de nuestra amiga.

Aunque además de los teléfonos y lamentos también sonaba el timbre.
Desde hacía horas, tal vez días, en forma asincrónica y aleatoria llegaban envoltorios conteniendo regalos a la portería,  R.S.V.P.s confirmando o desconfirmando lugares en La Fiesta, salutaciones por correo y visitas sorpresa de amigos en común que pasaban para brindar felicitaciones.
Hubo flores, desayunos a domicilio y varias otras muestras de cariño hacia India.

Nosotras, queríamos evitar tamañas demostraciones de afecto a toda costa, pero veíamos desafiada, a cada rato, nuestra capacidad logística para contener, reaccionar, montar operativos de rechazo y/o de rescate. Definitivamente, no estábamos preparadas para este fenómeno.

Fenómeno que empezó pasado exactamente un mes del día de regreso de Duilio, cuando la mayoría de las invitaciones para el Big Day habían sido repartidas. Sucede que quienes las recibieron asumieron (erróneamente, ya a esta altura es obvio) que quien se casaría con el hombre en cuestión era India.

Pero no subestimemos a los invitados, no señor. Porque si bien la participación rezaba:
-“Duilio y Mayra participan a Usted de su enlace… Etc”, a esta altura supongo que ya todos adivinaron que “India” es solamente un sobrenombre divertido que ella lleva con elegancia. Los participados a la boda de Duilio y Mayra solamente entendieron que Mayra era solamente el verdadero nombre de nuestra desgraciada protagonista.
Fue así que ella vivió el lado oscuro de tener un apodo tan poco claro y tuvo que enfrentar no solo el duelo planteado por el abandono del sujeto que había sido objeto de su absoluto amor durante seis años sino también todos los “OHHHs” y “AHHH!” y “¿Cómo pudo?” y  “Pobrecita….” de quienes se iban enterando de que no era ella quien iba a dar el si.

Una pesadilla vuelta realidad, en pleno mes de abril.

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Duilio e India: Enfrentarse con la realidad de que no te amó nunca

“Wednesday morning at five o’clock
as the day begins
Silently closing her bedroom door
Leaving the note that she hoped would say more
She goes downstairs to the kitchen
clutching her handkerchief
Quietly turning the back door key
Stepping outside she is free ” – She´s Leaving Home, The Beatles

La caída

Las diez llegaron tan rápido que ese día pareció tener muchas menos horas que las aceptables.

India había quedado suspendida en el mail de Duilio, como quien gravita en un espacio en donde no hay nada.

Había pasado la tarde y ella no había vuelto a pronunciar palabra. O tomado agua. O comido algo. O fumado. Inferíamos que respiraba porque la vimos parpadear un par de veces, pero ni de eso estábamos seguras.

Horas antes, alertadas del estado catatónico-emergencial de nuestra amiga por Florcita, su secretaria – que había sospechado eventualmente de que algo grave le acontecía a su jefa al notar una ausencia total de movimientos en la oficina de la gerente de marketing – Pampa y yo habíamos ido a rescatarla de su puesto de trabajo. Antes de que la crisis nerviosa llegara. Antes de que las pérdidas a lamentar sean mayores (*)

(*) Porque sabe Dios que hay algo peor que te rompan el corazón en diez mil partecitas y eso es que – además – te tilden en la oficina de ser emocionalmente inestable. Reconozco que este asunto es más dominado por Miss York pero me animo a esbozar una pequeña teoría: Si tu jefe directo (hombre o, a veces peor, mujer) te ve llorando en tu escritorio – y no hablo de escándalo publico en la recepción de la multinacional americana o delante del grupo de periodistas o arriba de un escenario… no, simple llanto solitario en el escritorio – no solo ese año no serás promovida sino que tu puesto, a partir de ese momento corre grave peligro de extinción. No importa lo buena que seas, no importa tampoco el motivo del llanto – vale lo mismo lágrima derramada por haber perdido las llaves de tu casa, por la uña quebrada, por el novio de seis años que se enamora de otra y te dice que “antes nunca estuve, así enamorado, no sentí jamás esa sensación” cantando al estilo Ortega. Es irrelevante que trates de explicar o resarcir: estás muerta, frita, acabada. Tu carrera is finished, kaput, game over.

Fue así que dejamos apartadas agendas laborales bastante complejas (algo mucho más simple de hacer para mi, que odio mi trabajo, que para Pampa, que lo adora) y llegamos a la Prestigiosa Empresa Americana de Consumo Masivo en busca de India.

La arrastramos al auto como pudimos y la llevamos al departamento en donde vive, mientras que teorizábamos sobre la hoja impresa del último mail de Duilio y ella, con leves – casi imperceptibles – asentimientos o negaciones de cabeza que nos respondían las preguntas que iban aclarando los hechos.

Cuando a las diez Duilio tocó el timbre estábamos las tres custodias (Carla había llegado también, claro) de India un poco abatidas porque no conseguíamos determinar qué sugerir, proponer, aconsejar a nuestra amiga.

Pero el sonido del timbre la despabiló y ella, casi dignamente, se levantó, agarró cartera y puchos y se dirigió hacia la puerta.

Y solo dos horas después, volvió a escucharse la voz de India, temblorosa, cuando de vuelta de su encuentro con el desamor, nos dijo, todavía azorada:

-“No solamente está enamorado. No. Además va a casarse en tres meses”.

Nos quedamos en silencio unos minutos, mirándola. Ella retomó la palabra, entonces:

-“Y quiere que sea testigo de su casamiento” –

Y la vimos caer al piso, desmayada.

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Duilio e India: Año nuevo, vida nueva

La serpiente cambia de piel, pero no de naturaleza” – Provervio Ruso.

La fiesta de año nuevo había sido perfecta.

La habían organizado para sus amigos (casi todos los de él, poquísimos de ella) e invitado a la familia (la de él, es claro), que asistió a pleno.

Él había pagado todo (me olvidé de contarles que durante todos estos años ella nunca había tenido que desembolsar un centavo salvo para regalos – que espontáneamente hizo – o para producción – requerida, casi obligada por el job description – y no, no piensen ni por un segundo que eso es algo bueno o caballero, porque – si bien es cierto que es un acto galante para muchos – no era necesariamente algo que él hacía para agasajarla, sino también (y en especial) para asegurarse el monopolio de las decisiones …).

Decía que él había pagado todo, desde los platos hasta las bebidas alcohólicas de cada uno de los casi 100 asistentes. La inversión lo justificaba porque para él era importantísimo demostrar quién tenía el control. Y así, logicamente, había podido invitar a la gente que le agradaba y evitado a las ruidosas amigas de India – nosotras, claro – que solían opacar las celebraciones importantes.

Habían contratado el uso exclusivo del Gran Bar Danzón, uno de los pocos sitios aceptados por el exigente mendocino  y celebrado durante horas la llegada del 2006 con gran alegría.  O, por lo menos, con suficiente alcohol y expresiones optimistas dichas en voz lo suficientemente alta y acompañadas por cacajadas estruendosas.

India conversaba con uno y con otro, sintiéndose dueña del lugar. Al final, le resolvía un poco la vida a su novio, que prefería dedicarse a entablar diálogo exclusivamente  con las personas que él consideraba realmente inteligentes y que, como es de esperar,  eran poquísimas: un escritor por acá, una modelo – devenida en actriz – esposa de un músico famoso por allá  (mirá vos, al final resultaste cholulo…, tan intelectual que te decís)…

Utilicé esa palabra adrede (la palabra “novio”, claro) porque ese día India me había llamado desde la peluquería para decirme, emocionada que había ocurrido lo que ella había esperado por más de 5 años:

-“Vera, ¡No lo podés creer! – me dice al teléfono exaltada.
-¿Qué cosa no puedo creer? – pregunto tratando de escuchar su voz por atrás de los secadores de la peluquería.
-¡Que me dijo “novia” ! ¡Que , finalmente, me dio el título!
Exclamé algo así como –“Wow- quebueno-quebrillante-quefantástico!” mientras que pensaba – “queterriblehijodeputaél – y -conquepocoseconformalaboluda
Pero la situación era peor de lo que suponía, porque cuando pregunté – “Y … ¿Cómo se dio? – me dijo:
-“Llamé a la casa y me atendió la mamá. Le dije “hola Greta, soy India, quisiera hablar con Duilio” y ella bajó el auricular y gritó – “Nene, tu novia al teléfono”. Ël atendió el teléfono diciendo: “India, ¿Cómo estás?”  y….”
-“………” – se ve que suspiré muy fuerte, porque ella paro el relato y explicó:
-“Claro, ves, no se desdijo…. la madre dijo “TU NOVIA” y él no se desdijo
-“Ahhhhhhhhhh” – me hice la que entendía pero pensaba en molotovs (esas son bombas, ¿no?) por primera vez en mi vida.

Volviendo a la fiesta de principio de año, la “novia” se sentía radiante, después de este  (- ¿triste? Si. Triste.-) episodio que les relato.

Y – atención – necesito pedirles que no la juzguen antes de evaluar si muchas veces no se conformaron ustedes también con las migajas de los otros.
Así los quería agarrar…. ¿ven? -, todos lo hicimos alguna vez.

Sigo, entoces, sigo.

Todo transcurría de forma mágica, maravillosa y memorable para India hasta que él, ya promediando la noche, mientras le acariciaba el pelo le dijo lo siguiente:
-“Linda, me olvidé de contarte…. Me compre una Defe nuevita y mañana me voy 3 meses de viaje de offroad. Deseame suerte.”

India no sabía que coño era el offroad, que era una “Defe” y mucho menos entendía cómo Duilio podía avisarle que se iba de su vida 3 meses a vacacionar con quien sabe quien a quien sabe donde.

Se ve que él notó la cara de desconcierto y adivinó las lágrimas que empezarían a asomar en instantes porque le dijo:
-“Voy a extrañarte mucho, de hecho, no se cómo voy a hacer para vivir sin vos

Y siempre así, siempre c0n el doble discurso a flor de labios.

 Siempre el juego manipulador de decir discursivamente lo que no se vive o viceversa:  la mala leche de hacer lo que no se dice.

India pasó el verano más oscurode su vida a partir de esa noche pero, claro, todavía no sabía que el 2006 iba a seguir peor, incluso, de cómo había comenzado.

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DesGraciada

“¿Y si la luz al final del túnel es sólo una locomotora que viene a aplastarnos?… ¿si se trata de sólo un espejismo?” – Yoani Sánchez, via twitter

 
Mi amiga Grace se casó con Claudio hace dos semanas.
La fiesta, divina: todos borrachos, descreídos y felicísimos como siempre que se casan dos con gran kilometraje recorrido. Nosotras que, obviamente, fuimos solas a la fiesta festejamos el fin de la mala suerte serial de Grace como un triunfo colectivo.
Pero no.
 
El sábado temprano volvió de su luna de miel y ayer mismo ya la teníamos en mi living. Carla y yo la habíamos citado de prepo, bajo amenaza de muerte, porque queríamos los pelos y señales de cada uno de los solteros potables de la fiesta. Habíamos confeccionado lista, discutido los perfiles y finalmente asignado con quién se iba a  quedar cada una y todo.
Pero tampoco.
 
Le abrí la puerta y me costó reconocerla: era otra mina. Ya no estaba radiante, luciendo espléndida el mejor mes de su vida. No tenía los ojos brillando. Estaba tan opaca como su piel, que había sido sobreexpuesta a los efectos nocivos del sol caribeño.
 
Se instaló en mi sofá y abrió su netbook, sin prestarnos atención, como si estuviera ida. Pasaba sin entusiasmo las fotos de su álbum digital en dónde podía verse a una Grace mucho más entera y entusiasmada en la fiesta que cedía terreno progresivamente, dejando lugar a una Grace cada vez más apagada, más ojerosa y más lánguida, a medida que transcurrían los días mieleros.
Queríamos que nos cuente lo que le había pasado.
Pero nada.
 
Tan, pero tan incómodo  y cortante era el silencio que hasta mi hijo,  Juan,   levantó los ojos de la pantalla del tetris y preguntó que pasaba.
Eventualmente Carla se animó a hacer una primera interpretación de la realidad:
 
-“Grace, perdoná que te lo señale, pero tu cara no nos muestra la dicha que seguramente sientas. ¿Tan mal la pasaste?” – rió, insegura, esperando la sonrisa que la contradijera, la excusa que no llegaría para tranquilizarnos. Esperaba el relato de lo fantástico del sexo, libreta de por medio. De lo maravilloso de la vida conyugal. A veces, Carla puede resultar muy crédula.

Por el contrario. A Grace, que todavía no atinaba a juntar palabras, se le llenaron los ojos de lágrimas.
Esperamos, incomodísimas, revolviéndonos en nuestros asientos hasta que se animó a decir:
-“Creo que está arrepentido” –  y ahí si, su llanto se escuchó cristalino y sonoro haciendo eco en el horario de la siesta.

-“¿Cooooomooooo?- Carla York se incorporó, llevada repentinamente por la furia y se encendió un pucho mientras caminaba de un lado a otro del cuarto, murmurando:
-“estántodoslocos.estántodoslocos.estántodoslocos…locos, locos, locos”

Yo quise saber más y así me enteré que ella había podido identificar una sensación de nerviosismo, luego una preocupación y por último un fastidioso inconformismo en su flamante marido.

Estaba tan asustada, que no fue hasta horas después que identifiqué claramente el mecanismo psicológico que las marketineras conocemos bien, que estaba por detrás del comportamiento de Claudio: la Disonancia Cognitiva, típica de la evaluación Post-Compra.
Esa evaluación que todos hacemos, siempre – conciente o inconscientemente – de nuestras adquisiciones. Eso que sentimos cuando destinamos parte de nuestro poder adquisitivo en un determinado producto.
Claudio había experimentado esa desarmonía interna tan típica de quien hace una gran inversión, pensado si no hubiese sido mejor gastar sus recursos de otra manera. El hombre de mi amiga estaba duelando su soltería y estaba resignificando su relación con Grace a partir de su casamiento.

Y, evidentemente, Grace no estaba saliendo airosa en la comparación.
Eso, para quienes afirman que la Mala Suerte Serial es un mal que atañe exclusivamente a solteras.

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