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Guía aproximada para tratar a las otras

-“¿Podríamos pedirle consejo también a mi “Padrina ? – dice mi hijo, naturalizando – con su palabra inventada – el patrón de mujeres fálicas que lo rodean.

– “No las entiendo, no se lo que esperan de mi, o, para el caso, lo que esperan de ninguno de nosotros “- me dice, casi textualmente, con la mirada agotada, angustiado.
 

Claro.
Es duro para un espécimen como él, tan acostumbrado a mi, tan cargado de mi mundo bipolar de blancos y negros. Lo he arruinado, como hice con otros hombres antes.

Específicamente a él lo he dañado de forma permanente: no lo preparé para tener que relacionarse con lo femenino en technicolor, tan lleno de matices y de sombras.
Que pena que me da, así, perdido en este nuevo  universo  que, desde hace menos de un mes, le marca las nuevas pautas de comportamiento en un mundo que antes desconocía..

Me siento a su lado durante el feriado y me dispongo a darle algunos consejos.

No estoy segura de poder ayudarlo pero lo quiero tanto que voy a intentar:

-“Evaluemos los perfiles cuidadosamente“- le explico mientras tomo lápiz y papel y dibujo un monigote con pollera, delantal y rulos. Abajo de mi squetch escribo el nombre de la primera candidata a la disección:

Lany.
-“Lany parece la más complicada de todas, ¿No?  Pues no lo es. Por debajo de su voz fuerte y determinada hay una adolescente esperando ser enamorada con relatos de aventura y piratas. No vas a ganar su corazón si hacés todo prolijito y tal cual lo pide, serás uno más del montón para ella y deberás conformarte con ser parte de su harem. Si querés que ella se pierda irremediablemente tenés que desafiar su pensamiento pero de forma respetuosa. Podrías, incluso, ser irónico con ella, no se lo tomaría a mal. Lany es la eterna enamorada de los villanos del cine”.
-¿Entonces?
Entonces cuestionala, oponete, pero guiñale el ojo después. Hacele chistes y luego dejá de hablarle durante días. No seas cargoso, no seas meloso y, por sobre todo, no seas cursi.

-“¿Y Sole?” –
Estoy dibujando una muñeca de pelo lacio con pecas. Rubia, por supuesto, pero nada sexy.
-“Soledad es dulce. O al menos, así elige mostrarse al mundo. Su sonrisa open 24 y  su voz  suavemente impostada demuestran que le tiene miedo a los enfrentamientos. Es posible que tengas que controlar tus modales porque, para ella, eructar en público puede llegar a ser más tragedia que clavarle un puñal a tu mejor amigo – siempre que luego vayas y te laves las manos prolijamente. Va a valorar las formas, con ella tenés que portarte diferente que con Lany, convertirte en alguien cortés y atento y preferentemente perfumado y sin síntomas visibles de transpiración o cansancio. Es una pena que tengas que verla por las tardes, llegás inevitablemente más desarreglado después del trajín diario y para ella – la inalterable – cualquier desborde es motivo de desprolijidad “-

-“¿Qué me decís de Fátima?-
Dibujo un seño fruncido, una mirada rígida y unos pelos crispados.
-“Fátima está enojada. Pero no con vos, con ella. No tenía intención de conocerte y ahí estás vos, de punta en blanco, siendo absolutamente inoportuno  solamente por pararte en su camino. Cuando te grite pensá que no es a vos, sino a ese OTRO general que vos, en ese momento, corporizás.”

 -“¿Y Celeste?”
En lugar de una mujer, dibujo entonces una llave.
-“Celeste, querido mío, está cerrada al mundo. No quiere conocerte, no te necesita. Celeste no se dará cuenta si no estás. No servirán de nada ninguno de tus intentos. Olvidate de Celeste, posiblemente no te de problemas si la ignorás, porque ni siquiera va a verte

Mi hijo de 6 empezó primer grado y no sabe qué es lo que debe hacer para agradar a sus maestras.
Juanito, querido hijo, hagas lo que hagas, el éxito no está garantizado.

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Aprenda como convertirse en muñeca inflable

Ain’t no sunshine when she’s gone.
It’s not warm when she’s away.
Ain’t no sunshine when she’s gone
And she’s always gone too long anytime she goes away
“- Bill whithers

Filomena era bellísima cuando la conocí. Una pelirroja natural dueña de los ojos verdes más lindos del mundo.
Aunque no era de naturaleza provocativa tenía mañas y modales felinos que fueron los que, justamente, atrajeron a Juan hacia ella.

Juan (o, en realidad, el Dr Juan Andrés Ollarzabal, phd, cirujano plástico de las celebrities) pudo hacer a un lado las pecas, los rulos y los kilos de más de la mujer que se sentó frente a él en el bar.
Imaginósela con nuevo escote y boca rellena, con cejas arqueadas y lipo “puesta”. Y la eligió así, como quien escoge materia prima de calidad:

  • Altura correcta: Check
  • Tamaño de las manos: Check
  • Caudal de cabellera: Check

Primero fue convencerla de la depilación definitiva y del peeling químico. Luego del alisado permanente y del colágeno en los labios. Un mes después de eso Filo ya lucía algo botoxeada y con la expresión un tanto más rígida. Al verano siguiente delantera nueva y abdomen chato.
Dejé de verla ese año, se fue poniendo aburrido escuchar de intervenciones y pozos operatorios, de protección solar y dietas pre quirúrgicas.
Cuando la volví a ver, Filomena había desaparecido.

En su lugar estaba Barbie sin su color de pelo rojo zanahoria, ni sus pecas, ni su arruga de entrecejo.  Toda tuneada, toda producida, no exagero diciendo que sus ojos verdes ya no brillaban como antaño. Una amiga a base de dietas líquidas y tratamientos dermoabrasivos.

Como es de esperarse hubo un día, años después, en el que el Dr Juan Andres Ollarzabal, phd, cirujano plástico volvió a ser solo Juan. Y se aburrió de su muñeca inflada. Se enamoró de una hippie antropóloga que, trabajando para su tesis de doctorado, lo cuestionó fuertemente en sus métodos y ética.

Barbie Filomena se quedó sola solo unos días. Enseguida encontró refugio en los brazos de otro hombre que hoy también la utiliza de trofeo: no le pide opiniones, pero le regala joyas. No la escucha, pero tampoco la conoce, aunque si le da extensión de su Amex Gold.
Filomena, la que era mi amiga, se perdió para siempre.

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India y Duilio, un re-encuentro eclipsado

“Disculpen si les llamo caballeros, pero todavía no les conozco bien”. – atribuída a Groucho Marx

El día que India durmió por primera vez en la casa de Duilio fue bastante particular.

No se puede decir que el hecho no se veía venir: palabras más, palabras menos, fue un encuentro premeditado.

India recién llegada de un año trabajando en el exterior, estaba cambiada en mente y espíritu respecto a la joven inocente que era cuando se había lanzado al mundo, tan solo un año atrás.

Ella, denotando cambios físicos considerables, también, debido a que la falta de la angustiosa Buenos Aires había repercutido peculiarmente en su cuerpo, logrando maravillas: abrillantando y alargando cabellera, adelgazando kilos y tonificando músculos.

Venían de no verse tanto y de histeriquear duro y parejo en forma epistolar durante todo el período de ausencia mutua. India hasta se había acostumbrado a no admirarlo tanto, porque es bien sabido que cuesta mucho más venerar a quienes no se ve con frecuencia.

Decía que el episodio fue planeado, entonces, porque desde que ella había dejado la financiera, igual encontraban excusas para seguir mantenido los lazos que los habían juntado. Durante el exilio, él le contaba de Buenos Aires y ella lo llenaba de datos y relatos acerca de sus andanzas varias.

El día que ella pisó el suelo de Ezeiza sabía dos cosas: a) que moría de ganas de ver a Duilio y b) que a esa hora, 24 hs más tarde, estaría cenando en su casa de Almagro.

No había posibilidad de postergar el reencuentro: un año había sido demasiado tiempo de juego previo.

Nosotras, que también hacíamos fila para reencontrarnos con India, tuvimos que conformarnos con asistir a la previa. Carla acompañó a India a la pelu. Yo la maquillé y Pampa le prestó ropa. Sofi la hubiese obligado a llevar sus AllStars de Frida si es que la hubiésemos conocido en esa época, pero, lamentablemente a Sofi y a su buena estrella no las conocimos hasta bien empezado el milenio.

Y parece que es así, nomás: dime con quien andas y te diré quien eres, las desafortunadas nos movemos en grupo.

A pesar de que India estaba maravillosamente linda esa noche, con su pelo negrísimo y lacio, su piel apenas dorada por el sol, con un vestido plisado y un regalo de freeshop pre devaluación, no logró que el destino se conjugara a su favor.

De hecho, el día D (por Duilio, obvio) quedaría en la memoria de todas nosotras como un nuevo y copioso triunfo de la #MalaSuerteSerial después del histórico llamado telefónico que me hizo India desde el taxi, a las nueve AM del día siguiente.

– “¿Vera?- intentó decir, creo. No le entendía por el llanto.

– “Indi, deduzco que no te fue bien. Seguro este hijo de perra no te tocó un pelo”

-“Noooo, Ve, dormimos juntos, me acabo de ir de su casa”

Sonreí para mis adentros, tan mala no podía haber sido la noche, entonces… ¿no?

Me equivocaba, pero tuve que esperar unos segundos para enterarme la razón.

-“¡Contame!, dije, tranquila, alentándola a que confesara, tratando de moderar mi propia curiosidad.

“… me recibió increíble, hablamos por horas, me mostró lo último que había escrito. Nos emborrachamos juntos y me fue hablando de lo inteligente que era y de lo linda que estaba hasta que, como en una película, todo empezó a pasar con un beso mágico y …”

-“¡Cara dura, eso es lo que sos! – interrumpí, – “¿por qué llorás, entonces?

-“… nos bañamos juntos y volvimos a su cama… dormimos abrazados y ….”

-“¡¡¡Finalemente!!!! ¡¡Qué bueno! – grité, como siempre, sacando conclusiones antes de tiempo.

India seguía relatando como si yo no importara.

-“Y hoy me despertó con el desayuno. Yo me sentía feliz como nunca antes en la vida. Hasta que me miró, me sonrió y me dijo una frase que no me vuelvo a olvidar en la vida…”

Por primera vez, entonces, el sentido común predominó y noté la gravedad de su tono. Esperé. Largándose a llorar, como si tuviera 3 años, retomó el relato:

-“… Duilio me miró y con una mueca burlona me dijo: – Bueno, India, no se puede decir que lo de ayer haya sido un choque de planetas, ¿no?… ¿Qué te parece si lo olvidamos todo?

Y supe así como mi amiga había caído estrepitosamente cien mil metros en caída libre.

Cómo, todavía sosteniendo la taza de café y vistiendo solo una camisa con sus iniciales, semidesnuda, de visitante en la casa de este energúmeno creído había sido atacada de una forma brutal.

Ya no quedan caballeros, señoras y señores.

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Cuestión de Fe

Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad” Jean Paul Sartre

Ana cumplía cuatro años y lo estaban celebrando con todo: Tortas varias, globos, piñatas, cotillón y demases.

Ella había esperado ese día con ansias. Todos sus amigos y su numerosa familia se reunirían en la fiesta que la tenía como protagonista.

Además, su mamá le había prometido una sorpresa especial.

Y… ¡Que gran sorpresa!

Para jugar con ella y sus invitados, Mamá había conseguido que se hiciera presente en el agasajo nada más ni nada menos que la mismísima Mujer Maravilla.

Alta, morocha, poderosísima, WonderWoman era para Anita el summun de la gloria.

¡Directo desde la tele en blanco y negro, en donde la veía a diario combatir el mal, a su propia fiesta!

La animadora organizó juegos, repartió premios y besos a montones. Fue una tarde inolvidable aunque, como todo en la vida, supo llegar a su fin.

WonderWoman tuvo que irse.

Anita lloró desconsoladamente cuando percibió que su nueva amiga ya no estaba. Con la intención de calmarla, Maxi, un invitado de la fiesta, apenas mayor que la propia nena, le aseguró:

“No te preocupes, Ani. La mismísima Mujer Maravilla me confió en secreto que hoy a la noche viene a buscarte en su avión. Van a pasear juntas toda la noche. Le encanta ser tu amiga”

¿Cómo no confiar en que el sueño se volvería realidad?

Ana no durmió esa noche, esperanzada al principio, frustrada y triste después.

A pesar del consuelo de su mamá, que le explicó hasta cansarse que ningún avión, por más invisible que fuera, iba a acercarse a su ventana.

A pesar de la explicación racional de Papá, que hora tras hora deshizo el mito de los disfraces y explicó incontables veces las diferencias entre un personaje de comic y una triste animadora de fiestas infantiles.

No hubo caso. Ana esperó.

Hasta que llegó el día y tomó una decisión.

No volvería a confiar en Maxi.
Ni en ningún hombre. Nunca, nunca, nunca más.

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