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Diagnóstico de mi situación actual. Parte 1

No se olviden nunca que los melones se van acomodando en el camino , y este camino es largo, y la vigencia te la da la vida …. ” – @flaviapalmiero

Yo viví una fantasía durante muchos años.
Creía habitar en un mundo perfecto, en donde las cosas llegaban a quienes lo merecían, el mundo de la posibilidad, de la causa y del efecto.
 
Hace tiempo que veo mi vida de forma más consciente, más real.
Entiendo un poco mejor quien soy y qué es lo que logré hasta ahora.
Se mejor lo que puedo esperar del futuro y qué sueños necesito dejar atrás.
Producto de nuevas compañías, de muchas sesiones de encuentro conmigo misma en el diván de mi psicóloga y, también, fruto de haber tenido que enfrentar realidades duras, de esas que hacen que tengas que dejar de lado la burbuja para siempre.

Y no voy a decir que el corrimiento del velo no tiene sus cosas positivas: libera, hace crecer y, a la larga, frustra menos.

Es cierto que tener los ojos abiertos es necesario, hasta imprescindible, si no se quiere terminar el vuelo como un Ícaro cualquiera.

Pero como cuesta. Cuánto más confortable era ser ciega.

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la génesis de la mala suerte serial. El estigma familiar, segunda parte

“Destino es el poder sobrenatural que, según se cree, guía las vidas de cualquier ser de forma necesaria y a menudo es fatal, es decir, inevitable o ineludible” – Wikipedia

Hasta hace dos años, para mi, la tía Marcela nunca había tenido novio, marido, amante, filo, amigo con beneficios. Nada.
Medica pediatra, una verdadera eminencia en el ámbito profesional, abnegada hija, hermana presente, tía ejemplar, amiga dedicada y católica devota, conocerla era amarla.
El hecho de que hubiese elegido una vida con foco profesional exclusivísimo a mi, su sobrina mayor, no me sorprendía. Su soltería a los 52 años me parecía fruto de su estilo de vida y absolutamente natural.
Viéndolo hoy en día, a la luz de la verdad, me doy cuenta que, en realidad, la falta de cuestionamientos de mi parte a la elección de vida de la tía Marcela fueron únicamente huellas (fallas, si se quiere), fruto de mi educación católica tradicional superyoica.
Reconozco, además, lo naive de mi propio approach, ingenua tantas veces en mi vida que me avergüenzo al solo pensarlo: creer, al menos por un rato, que la vida de la tía era producto maduro del plan que ella misma habría soñado y trazado exactamente.

Como me cuesta, amigos, entender que la vida nunca sale de acuerdo con los planes.

Creía yo, entonces, que su vida de vocación, de llamado, de luz, de plenitud, de caminar inequívocamente por la senda del bien hacia el Reino de los Cielos era la vida que la tía Marcela había elegido. Que no tenía problemas, ni frustraciones, ni sufrimientos. Que no había deseos incumplidos. Que ella era feliz.

No me malentiendan, no soy una idiota.
Al menos no completamente.
No me eran totalmente ajenas algunas miradas hacia sus hermanas que fueron, obviamente, casándose, pariendo, amamantando, arropando y sembrando jazmines en sus sendos jardines delanteros.
Tampoco se me pasaba por alto que siempre que hubo un bebé nuevo en la familia ella, de alguna manera, era “compensada” con el madrinazgo de dicho baby o con el mote, al menos, de tía preferida.
También veía, con claridad, esto si, la relación empática y comprensiva de la tía Marcela con sus 4 cuñados, maridos de sus hermanas que han sufrido con y por ellas de forma definitiva. Crecí mirándola reír con ellos, festejar sus chistes y comprender las quejas que cada uno tenía hacia sus cónyuges, bufando a la par, tal vez, cuando alguno estuviera molesto… coincidiendo, a veces, con alguna frase del estilo: “todos sabemos cómo es mi querida hermana!”.

Pero hasta hace dos años, decía, para mi todo esto eran solo detalles sin valor, minucias a las que no valía la pena prestarles atención.

Hasta que me enteré. Me lo contó mi abuela, hace dos años y me hizo jurar no repetir la historia. Que no me convertiría en una Marcela. Que haría todo en mi poder para liberarme del estigma familiar de desafortunadas.

Cebando mate, con lágrimas en los ojos me confesó:
Que su hija Marcela había estado enamorada, una vez, cuando tenía 19 años.
Que había tenido las ganas, la vocación y la fuerza de empezar una familia con un tal Emilio, hijo del carnicero del barrio.
Que el amor de estos dos “chicos” había sido de una fuerza tremenda, de un decir vehemente y de una pasión envidiable.

Pero que el hombre en cuestión no satisfacía los mínimos requisitos necesarios para el puesto de “marido de hija”. Y que mi abuelo se había opuesto fuertemente a la unión.
Y que luego de un primer tiempo de lógica oposición había pesado más el “deber ser” familiar y la tía Marcela se había resignado.

El día que se separó de Emilio ella volvió a su casa pensando:
-“Papá quiere lo mejor para mi. Esto es por mi bien. Hay que tener paciencia. Ya va a llegar la persona indicada…”

Pasaron décadas desde entonces. Y nunca llegó alguien que si diese con el perfil.

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-“Necesito un tiempo” – Alejandra parte 2

Lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo.” – El principito, Antoine de Saint-Exupéry

“Y , al final, terminamos siendo pareja. O algo similar” – Así termina el primer email de Alejandra
Intrigada por como sigue esta historia, abro el segundo email, entonces…
 
Y Aleja me cuenta un poco más:

…..

Al principio yo era algo fría y distante.
Era de esperar, tomando en cuenta que la relación venía indefinida y que una va con los sentidos alertas a partir de cierta edad, cuando ya nos hemos quemado algunas veces con leche.

Sin embargo, no pude resistirme mucho, porque en la intimidad éramos dinamita.
Puro ardor, fuego y pasión combinados con altas dosis de cariño, delicadeza y ternura… por un rato.

Porque me pasó algo que nos suele pasar a Las Desafortunadas: Cuando la historia ya llevaba algo así como dos meses y medio y yo ya podía considerarme enganchada, él empezó a desaparecer.
Repentinamente, luego de la fiesta de mi cumpleaños dejó de responder a mis mensajes y se ausentó durante toda una quincena.
Cuando finalmente conversamos me pidió “un tiempo”.
Aguantando un poco lo ridículo del planteo, lo dejé ir.

Volvió a llamarme unos días más tarde, para contarme que había vuelto a hablar con su ex novia, que estaba en Bélgica – hasta en otros paises Las Desafortunadas tenemos rivales -, que estaba confundido, porque creía, – nótese el uso de la palabra “creía” – , que se estaba enamorando de mí, pero que tenia presente a esta otra mujer de la que yo nunca había escuchado hablar.

Sin dar crédito, deseando que por una vez me mintiesen, me aparté de su camino. Unos primeros días de duelo y la soledad se volvía a sentir ok.
Pero Juanjo volvió.

A pedirme que continuásemos con la relación, mientras que se aclaraba la cabeza…

CONTINUARÁ…

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Mala Suerte Serial

 “It’s like meeting the man of my dreams, and then meeting his beautiful wife.” – Ironic, Alanis Morisette

Me preguntaron ayer nuevamente que es esto de la Mala Suerte Serial.
Bien, es difícil explicar con más profundidad de lo que ya intenté acá  el postulado que dio origen a este blog, pero trataré de nuevo:

No es que no te pidan el teléfono en una fiesta:
Es que te lo pida el reciente ex – novio de tu mejor amiga, delante de todos.

No es que no te invite a salir el tipo que tanto te gusta:
Es que cuando salgan, ya promediando una exitosa primera cita,  te intoxiques con la comida vietnamita que te llevó a comer y le vomites literalmente todo el auto (que antes, obvio, estaba impecable) y la pase tan mal que no te vuelva a llamar.
O que te insista con que pruebes el tequila – “Es lo más, ya vas a ver…” y que, canchereando como no deberías lo pruebes y termines durmiéndote en la mesa y siendo arrastrada por él hasta tu casa.

No es que nadie te guste:
Es que el que el que te enamora sea un fóbico al compromiso, un egoísta incapaz de compartir siquiera tiempo, un machista a ultranza que pretenda que abandones tu carrera y te dediques a seguirlo y a lavar los plato o un tipo que es prácticamente perfecto pero que está irremediablemente enamorado de tu única amiga del laburo.

No es no ser correspondida:
Es que cuando te corresponden él va a sufrir un fuerte impedimento que lo va imposibilitar estar con vos de forma anormal. O se va a vivir al exterior, o su religión no se lo permite, o está casado, o …..

Y podría seguir por horas.
O puedo recomendarles que empiecen a leer el blog desde el post #1, que incluye los ejemplos de mis amigas estigmatizadas, como yo, dentro de este odioso clan.

Las desafortunadas en el amor no somos un grupo amorfo de solteronas sin levante.
No somos depresivas. No somos ignorantes. No nos juntamos a llorar o a pasar fines de semana enteros mirando novelas rosa. (De hecho, he descubierto un patrón…casi no miramos televisión…)
Hacemos, deshacemos. Somos madres, amigas, profesionales exitosas.
No nos va mal en la vida, nos va mal en ESTO:

Atraemos, enamoramos, provocamos, seducimos.
Pero siempre al incorrecto, al imposible, al sádico, al psicopata, al loco, al vago…

Somos normales.
Pero tenemos una puta, putísima suerte.

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