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No pudo ser. Micropost robado.

Este post es una adaptación (con traducción incluida) de uno que cuenta mi amiga (en la vida real), la blogger Margit, una de mis hermanas brazucas.
Si entienden portugués, pueden conocer el
blog de las 4 fab four brazucas  acá.

“Tú eras el huracán, y yo la alta
torre que desafía su poder.
¡Tenías que estrellarte o que abatirme…!
¡No pudo ser!”
– Gustavo Adolfo Becquer

Suena el teléfono, atiendo casi dormida. Margit (Git, para sus amigas) suelta en un párrafo:

-“Vera, salí ayer con un contador. No tengo nada en contra de la profesión así es que no saques conclusiones. Solo que este en particular era SOLAMENTE contador.
Entonces, él cenó con una fotógrafa, blogger, cocinera, hija, hermana, amiga, bailarina, viajera, aventurera, artista… Y marketinera.
Y yo, yo me aburrí mucho. Solamente hablamos de trabajo.”

-“Uhhhh, ..” iba a empezar a decir, pero siguió hablando.

-“Hasta ahí, nada demás. Lo que me sorprendió fue la falta de noción del tipo que se lanzó al vacío al final de la cita, cuando hizo un torpe intento para besarme.  Yo me corrí, esquivándolo casi con estilo. Él, increíblemente, al ver la negativa me pidió un “piquito”.  ¿Se entiende? ¡Un beso a medias!”

-“je, ¿Y que hiciste?”- le dije, ya conociendo la respuesta.

-“Me di la media vuelta y me fui. Yo no doy medio de nada. Yo doy entero y quiero entero.  Quiero sal, pimienta, fuego y fuegos artificiales” – Me contó Margit, y cortó el teléfono.

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Guía aproximada para tratar a las otras

-“¿Podríamos pedirle consejo también a mi “Padrina ? – dice mi hijo, naturalizando – con su palabra inventada – el patrón de mujeres fálicas que lo rodean.

– “No las entiendo, no se lo que esperan de mi, o, para el caso, lo que esperan de ninguno de nosotros “- me dice, casi textualmente, con la mirada agotada, angustiado.
 

Claro.
Es duro para un espécimen como él, tan acostumbrado a mi, tan cargado de mi mundo bipolar de blancos y negros. Lo he arruinado, como hice con otros hombres antes.

Específicamente a él lo he dañado de forma permanente: no lo preparé para tener que relacionarse con lo femenino en technicolor, tan lleno de matices y de sombras.
Que pena que me da, así, perdido en este nuevo  universo  que, desde hace menos de un mes, le marca las nuevas pautas de comportamiento en un mundo que antes desconocía..

Me siento a su lado durante el feriado y me dispongo a darle algunos consejos.

No estoy segura de poder ayudarlo pero lo quiero tanto que voy a intentar:

-“Evaluemos los perfiles cuidadosamente“- le explico mientras tomo lápiz y papel y dibujo un monigote con pollera, delantal y rulos. Abajo de mi squetch escribo el nombre de la primera candidata a la disección:

Lany.
-“Lany parece la más complicada de todas, ¿No?  Pues no lo es. Por debajo de su voz fuerte y determinada hay una adolescente esperando ser enamorada con relatos de aventura y piratas. No vas a ganar su corazón si hacés todo prolijito y tal cual lo pide, serás uno más del montón para ella y deberás conformarte con ser parte de su harem. Si querés que ella se pierda irremediablemente tenés que desafiar su pensamiento pero de forma respetuosa. Podrías, incluso, ser irónico con ella, no se lo tomaría a mal. Lany es la eterna enamorada de los villanos del cine”.
-¿Entonces?
Entonces cuestionala, oponete, pero guiñale el ojo después. Hacele chistes y luego dejá de hablarle durante días. No seas cargoso, no seas meloso y, por sobre todo, no seas cursi.

-“¿Y Sole?” –
Estoy dibujando una muñeca de pelo lacio con pecas. Rubia, por supuesto, pero nada sexy.
-“Soledad es dulce. O al menos, así elige mostrarse al mundo. Su sonrisa open 24 y  su voz  suavemente impostada demuestran que le tiene miedo a los enfrentamientos. Es posible que tengas que controlar tus modales porque, para ella, eructar en público puede llegar a ser más tragedia que clavarle un puñal a tu mejor amigo – siempre que luego vayas y te laves las manos prolijamente. Va a valorar las formas, con ella tenés que portarte diferente que con Lany, convertirte en alguien cortés y atento y preferentemente perfumado y sin síntomas visibles de transpiración o cansancio. Es una pena que tengas que verla por las tardes, llegás inevitablemente más desarreglado después del trajín diario y para ella – la inalterable – cualquier desborde es motivo de desprolijidad “-

-“¿Qué me decís de Fátima?-
Dibujo un seño fruncido, una mirada rígida y unos pelos crispados.
-“Fátima está enojada. Pero no con vos, con ella. No tenía intención de conocerte y ahí estás vos, de punta en blanco, siendo absolutamente inoportuno  solamente por pararte en su camino. Cuando te grite pensá que no es a vos, sino a ese OTRO general que vos, en ese momento, corporizás.”

 -“¿Y Celeste?”
En lugar de una mujer, dibujo entonces una llave.
-“Celeste, querido mío, está cerrada al mundo. No quiere conocerte, no te necesita. Celeste no se dará cuenta si no estás. No servirán de nada ninguno de tus intentos. Olvidate de Celeste, posiblemente no te de problemas si la ignorás, porque ni siquiera va a verte

Mi hijo de 6 empezó primer grado y no sabe qué es lo que debe hacer para agradar a sus maestras.
Juanito, querido hijo, hagas lo que hagas, el éxito no está garantizado.

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Difícil IV – carta a mi futuro marido

Es tan difícil olvidar tu sensación
como tu piel, nena no hay como tu olor
es tan difícil, todo vuelve a empezar
solo te pido nena la oportunidad
” – Difícil, Los Piojos

Carta a mi futuro marido

Suponiendo que esto del arroz, el confeti y el felices por siempre alguna vez vaya a pasarme, yo se que voy a necesitar el texto que sigue:

Amor

Yo se que estás desilusionado ahora.
Que, mirando atrás, yo prometía ser mucho mejor partido de lo que en realidad soy.

Pasó el tiempo del flash, de los espejitos de colores y del plumaje real desplegado y, ya ves, soy esta.
Una mujer difícil, que muchas veces hubiera requerido un manual de instrucciones, un modo de uso.

Que busca casi siempre en lugares equivocados.
Que muerde sus uñas en forma irremediable.
Que falla una y otra vez en perpetuar dietas imposibles.
Que quiere llevarse bien hasta con los que no la quieren cerca.
Que no sabe volar, que ni siquiera flota un poco.
Que no relaja.
Que, con complejo de wonderwoman, se compromete a más de lo que puede resolver y luego, casi inevitablemente, se frustra cuando el tiempo y las energías no alcanzan.
Que no reclama, porque no sabe cuando ni como, por aquello que simplemente le corresponde.
Que falla en exigir respeto de sus jefes, de sus colegas, de su equipo.
Que carga culpas exógenas que le pesan tanto y que son fuerzas determinantes a la hora de decidir y que pesan como cruces.

Cuyo único gran sueño es ser feliz.
Cuyo único desvelo es esa paz que no llega.
Cuya posibilidad de alta en terapia es prácticamente nula.

Quisiera ser menos dócil.
Convivir con lo complejo.
No aterrorizarme frente a la adversidad.
Quisiera ser más luchadora.
Mejor mujer.

Y veo que te das cuenta que no está todo bien.
Aunque mi mirada sea tan críptica para el resto del mundo, vos sabés.
Y por más sonrisa dibujada que tenga a flor de labios vos me ves.
Perdida y triste.
Compleja.

Amor, con el mayor de los respetos:  

Una hueca o una mediocre eran mejores opciones posibles.

Reconsideralo.
Vivo difícil.

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receta para tratar con hombres celosos

 

El enamorado celoso soporta mejor la enfermedad de su amante que su libertad.” – Marcel Proust

Lo que pasó cuando Pampa vio plasmada la historia de Filomena en el último post es que ella, siendo la eximia contadora que es, quiso que también cuente la historia de Ernestina, simplemente para armonizar la balanza, para equilibrar el peso. Se sabe que la necesidad de equilibrio es una de las principales búsquedas de la profesión del Debe y del Haber, con lo cual no quise oponer resistencias.

Entonces, acá va, a pedido de ella:

Ernestina, hermana de Filomena, fue siempre la hermana linda.
Mientras que a Filo la querían por modosita, simpática y bien educada a ella le alcanzaba simplemente con su belleza usada como pasaporte al lado “A” de nuestros círculos sociales.
La reina de la primavera, la que siempre era invitada a bailar primero en los asaltos, la que no hacía fila y pasaba gratis en la matinée, la que tuvo novio de 5to en primer año, la liberada en el viaje de egresados.
Su sonrisa derretía el hielo más ártico, sus piernas paraban el tránsito, sus uñas rojas eran impecablemente sensuales.
Con cabello largo que comprometía la respiración de más de uno y escotes que, al provocar taquicardia segura, no eran aptos para cardíacos.
Famosa por sus polleras cortas y sus tacos de 10 centímetros, Ernestina era feliz hasta que conoció a Guillermo.

Guillermo, que una vez que la volvió “Su” Señora, la sintió parte de su propiedad. Como si, libreta de por medio, la hubiera adquirido para su consumo exclusivo.
Como poseído por un Mr Hyde celoso, empezó a fijar reglas de comportamiento, normas y manual de uso del papel de esposa fiel y responsable.

Fue así que desde que Ernestina se casó ya no pudo trabajar, ni salir con sus amigas, ni usar tacos, escotes o esmaltes rojos en sus nuevas uñas – ahora cortísimas.

Las polleras pasaron a ser largo Chanel, los colores estridentes fueron apartados del guardarropas.

Ernestina acató sin resistirse. Para ella también casarse significaba “atarse“. Ser era, de alguna manera, obedecer.

La vimos hace poco, caminando al lado de su marido, empujando el chango del supermercado.
Nos costó reconocerla: Ella, la más linda de todas, ahora una mujer en batón que era dos veces el tamaño original de la hermana de Filomena.
A tres años de casada, Ernestina lleva subidos 54 kilos de pura angustia.
 
Y Guillermo todavía vigila.
Sufre, porque no sabe como hacer para que no la mire nadie.

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Salma, Estratega. Parte 2

De pocas partidas he aprendido tanto como de la mayoría de mis derrotas” – José Raúl Capablanca

Tomando el te al abrigo del aire acondicionado, en este verano fatal,  mi amiga Salma y yo teorizábamos, una vez más, acerca de las elecciones, el amor y, por supuesto, la mala suerte serial.

Pasa en el ajedrez, pasa en la vida” – dijo, mientras que sorbía de a poco su te de jengibre. -“Yo creo que entiendo a donde es que nos equivocamos una y otra vez  ”.

La miro, como desafiándola. Ella está acostumbrada a mis malos modales y me ignora elegantemente.

-“Me parece que, de modo sistemático, elegimos mal las batallas por las que vale la pena pelear.”
Y, mientras que habla, se dispone a ejemplificar, abriendo la caja del juego que ella más adora,  desdoblando el tablero y empezado, tranquilamente, a acomodar las piezas.
Sostiene a La Reina con ternura en sus delicadas manos mientras que reflexiona:

El problema, Vera, es que las muchas veces mal llamadas “Reinas” nunca juegan a favor de si mismas. Heroicas, dejan todo por El Rey: Son excelentes compañeras y se mueven, frenéticas, en pos de su voluntad, defendiéndolo, cuidándolo, atendiéndolo.
Un rey que las ha hipnotizado por su porte erguida, por su estatus, sus modales, su brillo, su elegancia natural. Un rey que las seduce pero que no les aporta nada: son ellas las que renuncian, las que dejan todo por él. Muchas veces pareciera que el rey domina pero, fijate vos, él no tiene poder real.
Son las reinas las que salen al mundo, las que van por más, enamoradas de la idea de ser pareja del candidato ideal, ponen todo de si mismas para construir un futuro ideal, cubriendo los flancos, librando el futuro de amenazas externas.”

Acomoda a la esbelta fémea en el tablero, al lado de su rey y lo mira con recelo:
-“Mientras tanto, el Rey, limitado, contempla el hacer de su dama, critica desde la inmovilidad, gobernándolo todo desde la ignorancia de quien está en la retaguardia. No sale jamás a la realidad del mundo y, cuando se siente amenazado huye, clamando por ayuda de terceros.”

Yo aporto mi propia observación de los hechos:
-“Suele pasar que no todo lo que brilla es oro, que esa reina hubiese sido pareja de un Alfil, por ejemplo, que al menos es veloz y puede acompañarla parte del camino” – digo y sonrío altamente satisfecha con mi deducción.

Pero Salma es mucho mejor que yo y lo demuestra nuevamente cuando, como quien no quiere la cosa, se inclina sobre el tablero y selecciona a un peón negro. Saltando las casillas de una en una lo lleva hasta el extremo contrario del tablero. Levanta entonces al abnegado jugador y lo retira del juego. Pone en su lugar a La Reina y me dice con ternura:
-“No, Verita, la mejor elección es El Peón. Se que parece poco glamoroso y hasta conformista pero, observá los hechos de cerca: Un tipo igual a tantos pero capaz de cruzar el mundo por su reina. Un hombre que siempre va adelante y que no duda en arriesgarse por amor. Un caballero como los que ya no hay muchos, que, cuando es exitoso, sacrifica su vida para devolverle el lugar merecido a su mujer. Alguien que trata a la reina mejor de lo que ella se trata a si misma…”

Levanta la vista y ambas, en conjunto, resignamos el Rey.
Entiendo las metáforas.
No habíamos hablado de ajedrez en toda la tarde.

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Ana y las fiestas

Estoy solo y no hay nadie en el espejo” – Jorge Luis Borges

Ana odiaba las fiestas.
Le parecían una época frívola y demencial de deseos falsos a no amigos. De propósitos que nunca iban a cumplirse. De trivialidad.
Le molestaba muchísimo que hubiese un momento del año dedicado a comer de más, a sobrevivir el caos en shoppings, supermercados y afines y a llenar la agenda de planes chinos para los que las horas del día parecen no alcanzar.
La malhumoraba el calor absurdo capaz de hacer convertir la simple rutina diaria en odisea épica en la soporífera Buenos Aires.
Despotricaba cuando, frente a la llegada de Diciembre, en su trabajo se jugaba el “Amigo Invisible” que siempre la obligaba a regalarle algo a quien menos soportaba, hacían la cena de la oficina y el mejor programa posible era emborracharse gratis para no sufrir. 

Ana odiaba las fiestas por varias razones pero principalmente porque las fechas festivas la enfrentaban de una manera estrepitosa, injusta y cruel con su propia soledad.
La soledad de las reuniones de fin de año con amigos, a donde siempre era causante del número impar.
La soledad de ser interrogada por grupos de desconocidos en la forma de ex compañeros de la primaria y de la secundaria en reuniones de reencuentro en donde nadie tenía otra cosa que revolver que no fuese el pasado. Responder  – “No, ya hace 3 años que Felipe y yo no estamos más juntos, si, si, estoy bien, no te preocupes. Si, yo también pensaba en ese momento que era el hombre de mi vida pero ya ves….”
La soledad de morderse los labios para no actuar cuando escuchaba por teléfono a su viejo hablando con la parentela de Italia que no, por ahora no hay ningún bambino en la familia, que no sabe si va a vivir para ser nonno.

Ana odiaba las fiestas hasta este año en el que decidió parar:

  • No fue a ninguna de las reuniones de amigos.
  • No regaló porquerías y, en cambio, lo que compró fue para ella.
  • Avisó para que no la tengan en cuenta para el amigo invisible y, con una sonrisa, todos en la oficina comprendieron que no era algo que combinase con ella.
  • Pasó por al lado de su padre y cuando lo escuchó lamentarse,  manoteó el auricular del teléfono y le hizo saber a su tía de Italia que si querían compañía familiar, ella sugería fuertemente que se compraran una mascota.
  • A todos los que quisieron información acerca de su soltería en las diversas reuniones a las que asistió, ella les retrucó que si, que la vida era linda para las singletons y que aún soltera se divertía como loca. Además, contraatacó preguntando si era cierto que, después del casamiento, la vida sexual de las parejas se terminaba y cuánto hacía que no iban a ver una película al cine que no fuera de Disney.
  • Está comiendo sano. No dejó de ir a correr. No se endeudó con las tarjetas.
  • Abrazó a su mamá cuando este año le dijo: -“Ya te va a llegar, este es el año” – comprendiendo que ella no iba a poder librarse de su estructura.
  • Listó lo mejor del año y vio el vaso medio lleno por primera vez en mucho tiempo.
  • No se prometió ninguna cosa imposible como New Year Resolution.
  • Vio a las amigas que tuvo ganas de ver. De hecho, mañana me voy con ella a sacar fotos en San Telmo. Si nos dan ganas, claro.

¿Les conté de Ana? Ama las fiestas.

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Duilio e India: Enterarse de una infidelidad

El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que temen, muy largo para los que sufren, muy corto para los que gozan; pero para quienes aman, el tiempo es eternidad.” – William Shakespeare

La llamada

No le dijimos nada.
Ni Carla, ni Pampa, ni yo pudimos abrir la boca.
El saber cuanto iba a dolerle la noticia nos hizo concluir eventualmente que lo mejor era darle la oportunidad de hablar al mismísimo Duilio. Tiempo al tiempo. Al final, el que había sido descubierto in fraganti y a plena luz del día era él. Sabía que Carla lo había visto. Sabía que sabíamos.
El episodio “Pelirroja”, igualmente, nos acechó en forma frecuente durante la primera quincena de marzo mientras que intentábamos preparar el terreno y planear como reaccionar cuando ella se enterara – en el inminente “plan rescate” de India.

Esperábamos que Duilio se diera cita con nuestra amiga y como respuesta a la pregunta –“Amor, ¿Cómo la pasaste? – él dijera: -“Al final me fui a Mendoza y te engañé con la reina de la vendimia – o algo así. 
India iba a entristecerse, nosotros a emborracharla, iban a pasar unos días, tal vez unos meses en donde todos los días íbamos a dejarle tuppers de comida en el portero o a obligarla a sacarse el jogging y a lavarse el pelo, según el caso.
Lo habitual, been there, done that.

Pero la realidad fue peor a lo que suponíamos, por supuesto:
Apenas el hombre en cuestión pisó suelos porteños llamó ciertamente a nuestra amiga.
Pero India no estaba al otro lado del teléfono. Mientras que ella compraba ropa para el gran reencuentro, el teléfono sonó en su cartera hasta que ella eventualmente vio las llamadas. Devolvió el llamado inmediatamente pero el inconsciente la hizo discar el teléfono de la casa de Duilio, no el celular.

El teléfono fue atendido al primer ring.
-“¡Hola Amor!, ¡No había escuchado el teléfono!¡Volviste! – dijo ella en un segundo, sin hacer pausa ni para dejar entrar aire a los pulmones.
– “Hola, vos debés ser India” – le dijo una mujer del otro lado.
India la cortó en seco: – “ Si, Blanca, claro que soy yo. Páseme por favor con el señor”.- respondió nuestra amiga, ansiosa, con modales discutibles, pensando que hablaba con la señora que frecuentemente limpia el hogar de su enamorado.
– “Mi nombre es Mayra” – del otro lado de la línea la pelirroja se dio a conocer. “¡Tengo tantas ganas de conocerte, Duilio me habló tanto de vos! ¡Y en su casa por todos lados hay huellas tuyas!

…..

India no recuerda mucho más, pero parece que la conversación se prolongó unos buenos 10 minutos.
Cuando cortó, temblando, apagó el celular y se dirigió a su casa.

En la computadora, al llegar, encontró un mail de Duilio que decía:

Subject: Quise avisarte.
Lamento el mal momento.
Me enamoré por primera vez. Quiero contarte.
Necesito verte. Paso a buscarte esta noche a las diez.

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