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Hasta que la dicha los separe

Así como toda carencia es desgracia, toda desgracia es carencia” -San Agustín (354-439) Obispo y filósofo.
Ellos habían sido hechos el uno para el otro.
Con vidas complicadas, Flavio y Estelita se rescataban el uno al otro en una especie de ciclo de beneficencia mutua, interminablemente cíclica, generosamente egocéntrica.
Cuando Flavio se quejaba de su trabajo esclavo y estresante, Estela le preparaba un té, le hacía masajes descontracturantes, le  cantaba al oído, lo llenaba de mimos.
Cuando Estela lloraba de impotencia frente a su sueldo escasísimo y las cuentas a pagar acumuladas, él la ayudaba a organizarse, la peinaba despacio, le acariciaba la frente, la llevaba a pasear.
Si ella estaba frustrada porque sus hermanos la ignoraban o porque no tenía otra que hacer dieta o porque no había plata para cambiar los zapatos,  Flavio le contaba un chiste que la hacía reír, la ayudaba a organizarse y, cada vez que podía, la besaba hasta hacerla enloquecer,  accionando esos botones invisibles que lo resuelven todo.
Si él estaba confundido acerca del rumbo a tomar, si la lista de “Pendientes” ocupaba dos o tres semanas con fines de semana incluidos, si, cual titán, pretendía cargarse el mundo en las espaldas, siempre estaba Estelita para compartir el peso de la mochila, para buscar la solución ingeniosa, para ofrecer mapas, brújulas, islas, salvavidas.
Si ella estaba insomne, molesta, depresiva, si las hormonas le jugaban una mala pasada, si siempre el vaso estaba medio vacío, si no divisaba la salida del laberinto ni la luz al final del túnel,  Flavio venía al rescate, incansable y fiel, puntual y heroico.
Así. Todo el tiempo. De ida y de vuelta ambos se hacían bien. El uno a la otra. La otra al uno. Equilibrados en su ser para el otro.
Eventualmente, como suele pasar, sus vidas se fueron resolviendo.
Los problemas se achicaron, las cargas se alivianaron, el camino se fue encontrando.
Flavio y Estela pudieron encontrarle la vuelta al mundo y el día que eso pasó, dejaron de necesitarse.
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El estigma familiar, tercera parte: Mi prima Eve

“A human being’s made of more than air
With all that bulk, you’re bound to see him there

Unless that human bein’ next to you
Is unimpressive, undistinguished
You know who. . .

Should have been my name
Mister cellophane
‘cause you can look right through me
Walk right by me
And never know I’m there
” – Mr Celophane, Chicago

Mi prima Eve empezó a noviar por primera vez la semana pasada, cuando cumplió 25 años.

La edad podría haber sido considerada por nosotros como normal, habitual y hasta adecuada, si no hubiese sido porque ella lo sintió con 14 años de atraso.

Puede suceder que para ustedes, esta apreciación no tenga sentido, pero entonces necesitaré contarles los parámetros comportamentales que le marcaban claramente dicha demora:
Estándares que no había podido cumplir, un superyo, como tenemos todos que, en este caso particular, estaba marcado en forma significativa por el accionar de su hermana gemela, Eva.

Eva había sido primera y mejor en todo:
Había caminado antes, hablado antes, dibujado y cantado mejor.
Era la preferida de sus padres, de sus abuelos y tíos, de sus maestras y profesores y, eventualmente, también de los hombres.
Popular y precoz, Eva supo ser, desde chiquita, una hembra irresistible.
Rodeada de Adanes, le hacía justo honor a su nombre cuando, al igual que en el relato bíblico correspondiente, terminaba hipnotizándolos y significando la perdición de todos y cada uno de ellos.

Por oposición, Eve los hubiese llenado de dicha.
Si alguna vez, alguno de ellos, se hubiese detenido a verla.
Eso no pasó en 364 días y 24 años.

Por eso, el día en el que celebraba su cuarto de siglo, Eve se cansó.
Maquilló sus labios color carmín furioso y levantó la vista.
Salió a la puerta y se vendió al primer postor: Huberto, un adicto a sustancias ilegales, jugador y sin siquiera una pizca de buenos modales.

Para los entendidos, cualquier “sillón”.

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La génesis de la mala suerte serial. El estigma familiar, primer parte.

 “Es tan corto el amor y es tan largo el olvido” – Pablo Neruda

Mi abuela Mimí dejó su España natal cuando tenía 17 años y su patria se quedó con sus hermanos hombres, con su caballo chueco, con sus amigas y amigos, con buena parte de su familia y con Joaquín, el amor de su vida.

Hasta que tuvo 27 años no se resignó a no volver. Soñaba con recuperar su Norte, deseaba desesperadamente ahorrar para escaparse de su nueva realidad sureña tercermundista pero, claro, habiendo emigrado hacia estos pagos, diez años de ahorro no alcanzaron para juntar para el pasaje en barco, ni mucho menos.

Una década de juventud malgastó en cartas que, cada semana, cruzaban el mar para intentar rescatar y preservar ese amor hacia este apuesto joven catalán, que había jurado eterno.
El amado en cuestión, aseguraba a quién quisiera oírlo, que tarde o temprano viajaría a su encuentro. Ella, que lo esperaría hasta que el ansiado encuentro fuera finalmente cierto.
Pero nada de esto se volvió realidad y si bien creían firmemente en sus compromisos y tenían voluntades férreas, el tiempo y las varias dificultades de la vida fueron complicando planes y postergando los sueños y la posibilidad de Mimí y Joaquín.

Un día de enero, mi abuela vio a mi abuelo Bernabé en los carnavales.
Era el único que no estaba de juerga. Parado al lado de sus amigos, el se destacaba por transitar las celebraciones sobrio, callado y sereno.
A Mimí eso le pareció correcto y decidió en segundos, dejar España finalmente atrás.
Unos meses después, Mimí y Bernabé estaban con compromiso firme y planes sólidos de una familia que no demoró en llegar.

Mimí siempre supo que no estaba enamorada y que nunca iba a enamorarse de Bernabé, su marido. Pero frente al miedo de ser solterona en un mundo machista y demasiado complejo para ella, un buen hombre cerca, que la cuidara y respetara era mucho mejor para ella que la triste y agónica inconveniencia del amor, que solo le pedía tiempo, que solo la hacía sufrir esperas demasiado largas, demasiado crueles.

No fue hasta mucho después de aquel carnaval que Mimí pudo volver a los pagos. Allí se enteró que su Joaquín, ese en quien jamás había dejado de pensar, se había suicidado en su taller de Cataluña, con apenas 32 años.

Dicen en el pueblo que entre sus cosas encontraron una carta a medio escribir, un pasaje en barco y un testamento que lo nombraba como heredero único de una finca en Tandil.

Cuando me puse a preguntar sobre el tema di con un primo lejano que me confirmó que en el pueblo todavía se recuerda la desgracia que ocurrió el mismo día en el que el cartero estuvo atareado, yendo de casa en casa, repartiendo participaciones con noticias frescas de cierta boda a realizarse en Buenos Aires.
La mala suerte serial existe en mi familia desde entonces.

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¿Hacer el duelo y ser amigos? La historia de Aleja, parte III

“…y a mi enterradme sin duelo, entre la playa y el cielo” – Mediterraneo, Joan Manuel Serrat

Yo venía leyendo sin siquiera respirar la historia de Alejandra, que empezó por un mail y siguió con otro.
Y a medida que leía me iba llenando de pena, de bronca, de intriga.

No iba a tener que postergar mucho mis ansias de saber como seguía su historia, ya que, apenas actualicé la pantalla del inbox,  ya estaba recibiendo el final de la historia de esta nueva amiga virtual.

Ale decía:

Te imaginarás, Vera, que me negué.
Que viniera con ese pedido ya era como too much.
Le dije que resuelva sus historias.
Lo saqué carpiendo…

Y se estaba yendo, nomás. Vi su cuerpo salir de casa y acercarse a la escalera cuando  dio vuelta la cabeza y mirándome a los ojos me dijo algo que nunca me voy a olvidar:

Juanjo: -“Siempre me dio la sensación de que aceptaste salir conmigo tan solo para paliar tu propia soledad, para rellenar el espacio

Fijate, Vera, lo cruel de la situación:

Yo había sido feliz sola.
¡Hasta que me enamoré de un alguien que todo el tiempo pensó que yo lo había elegido para no estarlo!
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-“Necesito un tiempo” – Alejandra parte 2

Lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo.” – El principito, Antoine de Saint-Exupéry

“Y , al final, terminamos siendo pareja. O algo similar” – Así termina el primer email de Alejandra
Intrigada por como sigue esta historia, abro el segundo email, entonces…
 
Y Aleja me cuenta un poco más:

…..

Al principio yo era algo fría y distante.
Era de esperar, tomando en cuenta que la relación venía indefinida y que una va con los sentidos alertas a partir de cierta edad, cuando ya nos hemos quemado algunas veces con leche.

Sin embargo, no pude resistirme mucho, porque en la intimidad éramos dinamita.
Puro ardor, fuego y pasión combinados con altas dosis de cariño, delicadeza y ternura… por un rato.

Porque me pasó algo que nos suele pasar a Las Desafortunadas: Cuando la historia ya llevaba algo así como dos meses y medio y yo ya podía considerarme enganchada, él empezó a desaparecer.
Repentinamente, luego de la fiesta de mi cumpleaños dejó de responder a mis mensajes y se ausentó durante toda una quincena.
Cuando finalmente conversamos me pidió “un tiempo”.
Aguantando un poco lo ridículo del planteo, lo dejé ir.

Volvió a llamarme unos días más tarde, para contarme que había vuelto a hablar con su ex novia, que estaba en Bélgica – hasta en otros paises Las Desafortunadas tenemos rivales -, que estaba confundido, porque creía, – nótese el uso de la palabra “creía” – , que se estaba enamorando de mí, pero que tenia presente a esta otra mujer de la que yo nunca había escuchado hablar.

Sin dar crédito, deseando que por una vez me mintiesen, me aparté de su camino. Unos primeros días de duelo y la soledad se volvía a sentir ok.
Pero Juanjo volvió.

A pedirme que continuásemos con la relación, mientras que se aclaraba la cabeza…

CONTINUARÁ…

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El ex de una amiga: la historia de Alejandra

“Mis hermanas son mis mejores amigas, mis mejores amigas son como hermanas.”  – Eloísa Monsalve

Lo bueno de la virtualidad es que te permite ampliar la mirada, conocer otras realidades, aprender a sentirse menos sola con las experiencias de los otros.
Ayer entré a Facebook y tenía este mensaje de una de mis nuevas amigas: Como no puedo revelar su nombre, digámosle Alejandra…
El mail escribía así:

 

Vera

Yo no sé si esta es una historia digna para tu blog.
Pero, por lo menos a mi, ya me ha quedado claro que soy víctima de la mala suerte serial.
Incluso le he mostrado tu blog a mis amigas y ellas coinciden conmigo: somos parte de la casta de Las Desafortunadas y nos sentimos muy identificadas con tantas historias que podrían ser las nuestras.

Ahora mismo tengo el corazón hecho añicos y ocupado por el odio. Ya se que suena feo, pero es lo que siento: ¿Se puede odiar a alguien sólo porque te hace sentir desdichada, confusa?

Tengo ganas de hablar. Quiero compartir mi historia con vos y con todos de una manera limpia y sincera. ¿Me dirás, luego, si para vos vale la pena compartirla con otros?
 
Besos grandes,
Alejandra


Pues si, Ale, es una historia digna para el blog. Acá va la primera parte:

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El club de la mala suerte serial, vacantes limitadas

“But tell me does she kiss
Like I used to kiss you?
Does it feel the same
When she calls your name?
Somewhere deep inside
You must know I miss you
But what can I say
Rules must be obeyed
” – The winner takes it all, Abba

 

Bandeja de entrada con nuevo mensaje.

De: Sofía.

Vera,

¿La mala suerte serial es algo así como que tu concubino de muchos años cancele la boda con invitaciones enviadas porque, después de ir al cine con vos a ver 2012 de repente crea en la predicción maya y te diga que – “ Total, son dos años, mejor esperemos a ver si se acaba el mundo” – y entonces se dedique a vivir la vida loca como un desquiciado que nunca antes fue e incluso venda la mayoría del ajuar que venían juntando hace tiempo por mercado libre  (incluida tu batería de cocina sin estrenar, regalo de tu abuela) y deje de pagar el departamento que venían pagando en cuotas sin avisarte?
¿O que te guste mucho un muchacho y como crees que no tiene caso – es demasiado para vos – cuando te invita a su cumpleaños vas nerviosísima y te emborrachas mal, tanto que te terminás yendote de la fiesta en sus narices con su mejor amigo y después de pasarla mal con el energúmeno premio consuelo encontrás un mensaje en el contestador de tu celular, en donde, previo a la fiesta, el objeto de tu amor te dice que se moría por verte en la fiesta y que esperaba que pases con él la noche?

¿O que vos seas dueña, junto a tu chico, de una gata siamesa llamada britney  y un día descubras en facebook fotos de una amiga” de él con TU gato tageado como “su hijo”?

¿Es eso la mala suerte serial?
Si es así, ¿aceptan más miembros en el club?
Quiero ser socia fundadora.

Besos,
Sofía

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