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No pudo ser. Micropost robado.

Este post es una adaptación (con traducción incluida) de uno que cuenta mi amiga (en la vida real), la blogger Margit, una de mis hermanas brazucas.
Si entienden portugués, pueden conocer el
blog de las 4 fab four brazucas  acá.

“Tú eras el huracán, y yo la alta
torre que desafía su poder.
¡Tenías que estrellarte o que abatirme…!
¡No pudo ser!”
– Gustavo Adolfo Becquer

Suena el teléfono, atiendo casi dormida. Margit (Git, para sus amigas) suelta en un párrafo:

-“Vera, salí ayer con un contador. No tengo nada en contra de la profesión así es que no saques conclusiones. Solo que este en particular era SOLAMENTE contador.
Entonces, él cenó con una fotógrafa, blogger, cocinera, hija, hermana, amiga, bailarina, viajera, aventurera, artista… Y marketinera.
Y yo, yo me aburrí mucho. Solamente hablamos de trabajo.”

-“Uhhhh, ..” iba a empezar a decir, pero siguió hablando.

-“Hasta ahí, nada demás. Lo que me sorprendió fue la falta de noción del tipo que se lanzó al vacío al final de la cita, cuando hizo un torpe intento para besarme.  Yo me corrí, esquivándolo casi con estilo. Él, increíblemente, al ver la negativa me pidió un “piquito”.  ¿Se entiende? ¡Un beso a medias!”

-“je, ¿Y que hiciste?”- le dije, ya conociendo la respuesta.

-“Me di la media vuelta y me fui. Yo no doy medio de nada. Yo doy entero y quiero entero.  Quiero sal, pimienta, fuego y fuegos artificiales” – Me contó Margit, y cortó el teléfono.

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Historias del Subte B, parte I. Las apariencias no engañan.

Esfuérzate por mantener las apariencias que el mundo te abrirá crédito para todo lo demás.” – Winston Churchill

Mi nueva amiga Patricia, divina ella, divorciada y nuevamente en las pistas, mamá de un compañero de Juan me cuenta hoy en el subte, mientras que veníamos viajando hacia el centro del caos porteño:

Vera, creeme que yo te juro que no me vi venir este final. Veníamos tan bien estos primeros meses, él era tan fantástico… y, así como de repente, cuando la cosa se empezó a poner un poco más en serio,  el tipo se transformó: ¡Se volvió serio, obsesivo, formal, detallista, pulcro, aburrido y tan, pero tan cero onda!”

Yo: -“ Que pena, Pat, que la cosa no anduvo” – dije escasamente, no conocía el caso y no sabía bien que opinar.

Ella: “Si, yo estaba ilusionada, pero resultó un aparato de aquellos”.

Pasó una estación y Patty, que revisaba su agenda, finalmente encuentra una foto que me muestra, resignada:

– “Mirá, acá estamos en nuestra primera salida juntos, una cita a ciegas arreglada por amigos, obsevá mi expresión de felicidad, pensé que era el tipo para mi, jé… que equivocada estaba…”

Miro la foto con atención y levanto la vista, incrédula. Vuelvo a mirarla a ella.

Yo: “¿Me estás jodiendo? ¿Cómo no te diste cuenta que no era para vos en el primer momento? ¡Es tan obvio! ¡Eran el día y la noche…!
Señalo la foto con el dedo índice y le digo:

Se que me vas a tratar de superficial dos años luego de esto pero… observá lo siguiente: Vos vestías campera de cuero, leggins negras, pelo atado en rodete cool, remera rockera, tachas. Él usaba camisa abrochada hasta el último botón y ¡Campera de Nobuk!.

Evidentemente, Dos almas dispares, no iban a funcionar nunca”-

Me mira y se ríe con ganas, resignificando su foto.

-“¿Sabés que, Vera? Tenés razón”.

Y cambiamos el tema al segundo siguiente.

Disclaimer: por las dudas. La autora del post no considera que el nobuk solo es usado por personas sin onda. Solo intenta transmitir por medio de un simple e insignificante post como, a veces, lo exterior es reflejo de lo interior y las incompatibilidades son obvias para todos, menos para quien está involucrado en la historia. He dicho.

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Jaque Mate Pastor: tuyo en 3 movidas

Primero debe hacerse el movimiento forzoso y luego entregarse a la meditación y no a la inversa.”
Blumenfeld

Hacía mucho que venía reflexionando acerca de la espontaneidad.

Sostenida por la filosofía tan de slogan de cosmética francesa (-“Porque SHO lo valgo”), en mis relaciones con casi todos los candidatos – que, últimamente, habían sido solo malas experiencias para contar, material de estudio, hombres que no sobrevivieron a más de una cita o, a lo sumo, a dos o a tres – me desplegaba con mi personalidad colorida y, al menos, intimidante sin hacer interferir filtros, diluyentes ni suavizantes.

Nada.

Y hay que reconocer que el recurso era bastante efectivo si es que una quiere asegurarse de que la cosa avance solo cuando haya conexión real. Expuestos a la Vera versión completa, con bonus material, extras, escenas inéditas y sound track, los hombres han huido con bastante rapidez hacia otras tierras más calmas. Lo que deja todavía vacante la cuestión no menor de mi soledad irresuelta.

Ayer, durante la tarde, volví a ver a Salma, mi amiga ajedrecista.

Le conté mis cuitas y, estratega como es, no pudo evitar avergonzarse de mi, una vez más.

-“Para las Ateneas de este mundo, la espontaneidad no existe” – sentenció. Y se dispuso a explicarme acerca del Jaque Mate Pastor.

-“Primero lo primero. Te gustó y si: movés para adelante, inequívoca pero cauta. Solo un par de casilleros que muestren que vas hacia él y no hacia otro. Con ese movimiento lo involucrás, hacés que te preste atención.”

Me reí, pensando en mis manifestaciones impulsivas y equívocas. En ese momento, empecé a prestarle más atención. – “¿Qué sería lo apropiado?”, le pregunté.

– “La jugada estilo peón se resuelve fácilmente. Elegís un tema que lo convoque, encontrás algo en común que los apasione. Según como sea el candidato, solamente unas sonrisas oportunas pueden bastar” –

-“La tradicional caída de ojos”, afirmo, entendiendo.

Ella ni siquiera me presta atención y sigue hablando, mirando atentamente el esmalte de sus uñas impecables.

-“Luego, una vez que lograste su atención, viene la jugada alfil. Esta movida es, a diferencia de la anterior, bien exigente y requiere de un cierto expertise. Lo que se hace, en este caso, es avanzar – claro-, pero no de frente. La frontalidad asusta,Veri.”

-“¿Moverse en diagonal, como el alfil?- le pregunto, perpleja.  

-“Claro, nena. No lo perdés de vista, pero no vas directamente hacia él. Aunque te mueras de ganas.” Salma me mira de reojo mientras chequea el timeline en su blackberry, solo levantando la vista del dispositivo para certificarse de que voy entendiendo.

 –Una vez que queda claro que vos sos capaz de ir hacia donde quieras, pero que lo elegís a él, que, aunque esquiva, dominás el tablero, entonces ahí si, jugás con la reina. No hay riesgo de desplegar tu unicidad, tu encanto, tu ser diferente, solo tenés que saber cuándo, Vera.

Peón, Alfil, Reina. Jaque Mate en tres jugadas.” – Remata Salma

Peón, Alfil, Reina”, repito en voz baja, para no olvidarme.

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Paso: post positivo en Pascuas

And you can’t always get what you want,
Honey, you can’t always get what you want
You can’t always get what you want
But if you try sometime, yeah,
You just might find you get what you need
” – The Rolling Stones, citada en homenaje a House

Por una vez voy a ver las cosas positivas.
El vaso medio lleno, lo que me hace feliz.
La salud, que me posibilita. La educación, que me vuelve una privilegiada.
El trabajo, que me sustenta. Los queridos, que están a salvo.

Por una vez voy a levantarme contenta, a cantar en la ducha y a desayunar despacio.
Y a usar maquillaje, perfume y – oh my! – colores en la ropa, flores en el pelo y zapatos altos.
No me va a importar que el subte esté lleno, que el jefe sea misógino, que haya ropa para lavar.

Voy a salir a la noche con un billete de diez en la cartera, aunque me muera de sueño auque mañana madrugue. Voy a mirar la luna tan redonda y gigante.
Voy a liberar la risa, voy a reprimir el llanto.

No voy a tenerme lástima. Ni a culpar al destino.
Voy a vivir. Con ganas.

(Ya se que parece un post AutoAyuda, pero nada que ver. Es sinceramente un disclaimer para los que piensan que detrás de Vera solo hay una treintaniera amargada. Esto ES CIERTO, pero no el 100% de las veces… jeje)

Para quienes creen, Pascua significa “paso”. Mi post homenaje a todos ellos: ¡Felices Pascuas!

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El ex de una amiga: la historia de Alejandra

“Mis hermanas son mis mejores amigas, mis mejores amigas son como hermanas.”  – Eloísa Monsalve

Lo bueno de la virtualidad es que te permite ampliar la mirada, conocer otras realidades, aprender a sentirse menos sola con las experiencias de los otros.
Ayer entré a Facebook y tenía este mensaje de una de mis nuevas amigas: Como no puedo revelar su nombre, digámosle Alejandra…
El mail escribía así:

 

Vera

Yo no sé si esta es una historia digna para tu blog.
Pero, por lo menos a mi, ya me ha quedado claro que soy víctima de la mala suerte serial.
Incluso le he mostrado tu blog a mis amigas y ellas coinciden conmigo: somos parte de la casta de Las Desafortunadas y nos sentimos muy identificadas con tantas historias que podrían ser las nuestras.

Ahora mismo tengo el corazón hecho añicos y ocupado por el odio. Ya se que suena feo, pero es lo que siento: ¿Se puede odiar a alguien sólo porque te hace sentir desdichada, confusa?

Tengo ganas de hablar. Quiero compartir mi historia con vos y con todos de una manera limpia y sincera. ¿Me dirás, luego, si para vos vale la pena compartirla con otros?
 
Besos grandes,
Alejandra


Pues si, Ale, es una historia digna para el blog. Acá va la primera parte:

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El club de la mala suerte serial, vacantes limitadas

“But tell me does she kiss
Like I used to kiss you?
Does it feel the same
When she calls your name?
Somewhere deep inside
You must know I miss you
But what can I say
Rules must be obeyed
” – The winner takes it all, Abba

 

Bandeja de entrada con nuevo mensaje.

De: Sofía.

Vera,

¿La mala suerte serial es algo así como que tu concubino de muchos años cancele la boda con invitaciones enviadas porque, después de ir al cine con vos a ver 2012 de repente crea en la predicción maya y te diga que – “ Total, son dos años, mejor esperemos a ver si se acaba el mundo” – y entonces se dedique a vivir la vida loca como un desquiciado que nunca antes fue e incluso venda la mayoría del ajuar que venían juntando hace tiempo por mercado libre  (incluida tu batería de cocina sin estrenar, regalo de tu abuela) y deje de pagar el departamento que venían pagando en cuotas sin avisarte?
¿O que te guste mucho un muchacho y como crees que no tiene caso – es demasiado para vos – cuando te invita a su cumpleaños vas nerviosísima y te emborrachas mal, tanto que te terminás yendote de la fiesta en sus narices con su mejor amigo y después de pasarla mal con el energúmeno premio consuelo encontrás un mensaje en el contestador de tu celular, en donde, previo a la fiesta, el objeto de tu amor te dice que se moría por verte en la fiesta y que esperaba que pases con él la noche?

¿O que vos seas dueña, junto a tu chico, de una gata siamesa llamada britney  y un día descubras en facebook fotos de una amiga” de él con TU gato tageado como “su hijo”?

¿Es eso la mala suerte serial?
Si es así, ¿aceptan más miembros en el club?
Quiero ser socia fundadora.

Besos,
Sofía

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Ana y las fiestas

Estoy solo y no hay nadie en el espejo” – Jorge Luis Borges

Ana odiaba las fiestas.
Le parecían una época frívola y demencial de deseos falsos a no amigos. De propósitos que nunca iban a cumplirse. De trivialidad.
Le molestaba muchísimo que hubiese un momento del año dedicado a comer de más, a sobrevivir el caos en shoppings, supermercados y afines y a llenar la agenda de planes chinos para los que las horas del día parecen no alcanzar.
La malhumoraba el calor absurdo capaz de hacer convertir la simple rutina diaria en odisea épica en la soporífera Buenos Aires.
Despotricaba cuando, frente a la llegada de Diciembre, en su trabajo se jugaba el “Amigo Invisible” que siempre la obligaba a regalarle algo a quien menos soportaba, hacían la cena de la oficina y el mejor programa posible era emborracharse gratis para no sufrir. 

Ana odiaba las fiestas por varias razones pero principalmente porque las fechas festivas la enfrentaban de una manera estrepitosa, injusta y cruel con su propia soledad.
La soledad de las reuniones de fin de año con amigos, a donde siempre era causante del número impar.
La soledad de ser interrogada por grupos de desconocidos en la forma de ex compañeros de la primaria y de la secundaria en reuniones de reencuentro en donde nadie tenía otra cosa que revolver que no fuese el pasado. Responder  – “No, ya hace 3 años que Felipe y yo no estamos más juntos, si, si, estoy bien, no te preocupes. Si, yo también pensaba en ese momento que era el hombre de mi vida pero ya ves….”
La soledad de morderse los labios para no actuar cuando escuchaba por teléfono a su viejo hablando con la parentela de Italia que no, por ahora no hay ningún bambino en la familia, que no sabe si va a vivir para ser nonno.

Ana odiaba las fiestas hasta este año en el que decidió parar:

  • No fue a ninguna de las reuniones de amigos.
  • No regaló porquerías y, en cambio, lo que compró fue para ella.
  • Avisó para que no la tengan en cuenta para el amigo invisible y, con una sonrisa, todos en la oficina comprendieron que no era algo que combinase con ella.
  • Pasó por al lado de su padre y cuando lo escuchó lamentarse,  manoteó el auricular del teléfono y le hizo saber a su tía de Italia que si querían compañía familiar, ella sugería fuertemente que se compraran una mascota.
  • A todos los que quisieron información acerca de su soltería en las diversas reuniones a las que asistió, ella les retrucó que si, que la vida era linda para las singletons y que aún soltera se divertía como loca. Además, contraatacó preguntando si era cierto que, después del casamiento, la vida sexual de las parejas se terminaba y cuánto hacía que no iban a ver una película al cine que no fuera de Disney.
  • Está comiendo sano. No dejó de ir a correr. No se endeudó con las tarjetas.
  • Abrazó a su mamá cuando este año le dijo: -“Ya te va a llegar, este es el año” – comprendiendo que ella no iba a poder librarse de su estructura.
  • Listó lo mejor del año y vio el vaso medio lleno por primera vez en mucho tiempo.
  • No se prometió ninguna cosa imposible como New Year Resolution.
  • Vio a las amigas que tuvo ganas de ver. De hecho, mañana me voy con ella a sacar fotos en San Telmo. Si nos dan ganas, claro.

¿Les conté de Ana? Ama las fiestas.

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