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último post: el final de un camino.

“So long, farewell, auf Wiedersehen, good night

I hate to go and leave this pretty sight

So long, farewell, auf Wiedersehen, adieu

Adieu, adieu, to yieu and yieu and yieu…”  – So Long, Farewell, de Sound of Music

Este no va a ser un post largo. Solo va a ser un post final para contarles que dejo hoy al personaje de Vera, ese que quise interpretar estos últimos dos años.

Vera Smith fue una máscara que me dio múltiples satisfacciones, me sirvió para hacer catarsis, para contar cosas, para conocer personas nuevas, puntos de vista distintos, anécdotas de otros y otras…  adoré escribirla.

Pero se termino, hace un tiempo, esa necesidad de hablar a través de otra mujer. Y mantener la identidad de Vera “viva” se convirtió en una carga.

Como pasa muchas veces en la vida, eso que antes te hacía falta, ahora no te sirve del todo. Elegir seguir por acá era no animarme a hablar con mi propia voz…

Así es que, con algo de vértigo, pero con confianza en el futuro les digo: Adieu!

It was a good ride.


PS:  No voy a borrar el contenido de tantas horas de teclado. Pero en una semana voy a cerrar los comentarios y dejar de recibir los updates de este blog a mi casilla. Nos vemos por otros lados.

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No pudo ser. Micropost robado.

Este post es una adaptación (con traducción incluida) de uno que cuenta mi amiga (en la vida real), la blogger Margit, una de mis hermanas brazucas.
Si entienden portugués, pueden conocer el
blog de las 4 fab four brazucas  acá.

“Tú eras el huracán, y yo la alta
torre que desafía su poder.
¡Tenías que estrellarte o que abatirme…!
¡No pudo ser!”
– Gustavo Adolfo Becquer

Suena el teléfono, atiendo casi dormida. Margit (Git, para sus amigas) suelta en un párrafo:

-“Vera, salí ayer con un contador. No tengo nada en contra de la profesión así es que no saques conclusiones. Solo que este en particular era SOLAMENTE contador.
Entonces, él cenó con una fotógrafa, blogger, cocinera, hija, hermana, amiga, bailarina, viajera, aventurera, artista… Y marketinera.
Y yo, yo me aburrí mucho. Solamente hablamos de trabajo.”

-“Uhhhh, ..” iba a empezar a decir, pero siguió hablando.

-“Hasta ahí, nada demás. Lo que me sorprendió fue la falta de noción del tipo que se lanzó al vacío al final de la cita, cuando hizo un torpe intento para besarme.  Yo me corrí, esquivándolo casi con estilo. Él, increíblemente, al ver la negativa me pidió un “piquito”.  ¿Se entiende? ¡Un beso a medias!”

-“je, ¿Y que hiciste?”- le dije, ya conociendo la respuesta.

-“Me di la media vuelta y me fui. Yo no doy medio de nada. Yo doy entero y quiero entero.  Quiero sal, pimienta, fuego y fuegos artificiales” – Me contó Margit, y cortó el teléfono.

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Historias del Subte B, parte I. Las apariencias no engañan.

Esfuérzate por mantener las apariencias que el mundo te abrirá crédito para todo lo demás.” – Winston Churchill

Mi nueva amiga Patricia, divina ella, divorciada y nuevamente en las pistas, mamá de un compañero de Juan me cuenta hoy en el subte, mientras que veníamos viajando hacia el centro del caos porteño:

Vera, creeme que yo te juro que no me vi venir este final. Veníamos tan bien estos primeros meses, él era tan fantástico… y, así como de repente, cuando la cosa se empezó a poner un poco más en serio,  el tipo se transformó: ¡Se volvió serio, obsesivo, formal, detallista, pulcro, aburrido y tan, pero tan cero onda!”

Yo: -“ Que pena, Pat, que la cosa no anduvo” – dije escasamente, no conocía el caso y no sabía bien que opinar.

Ella: “Si, yo estaba ilusionada, pero resultó un aparato de aquellos”.

Pasó una estación y Patty, que revisaba su agenda, finalmente encuentra una foto que me muestra, resignada:

– “Mirá, acá estamos en nuestra primera salida juntos, una cita a ciegas arreglada por amigos, obsevá mi expresión de felicidad, pensé que era el tipo para mi, jé… que equivocada estaba…”

Miro la foto con atención y levanto la vista, incrédula. Vuelvo a mirarla a ella.

Yo: “¿Me estás jodiendo? ¿Cómo no te diste cuenta que no era para vos en el primer momento? ¡Es tan obvio! ¡Eran el día y la noche…!
Señalo la foto con el dedo índice y le digo:

Se que me vas a tratar de superficial dos años luego de esto pero… observá lo siguiente: Vos vestías campera de cuero, leggins negras, pelo atado en rodete cool, remera rockera, tachas. Él usaba camisa abrochada hasta el último botón y ¡Campera de Nobuk!.

Evidentemente, Dos almas dispares, no iban a funcionar nunca”-

Me mira y se ríe con ganas, resignificando su foto.

-“¿Sabés que, Vera? Tenés razón”.

Y cambiamos el tema al segundo siguiente.

Disclaimer: por las dudas. La autora del post no considera que el nobuk solo es usado por personas sin onda. Solo intenta transmitir por medio de un simple e insignificante post como, a veces, lo exterior es reflejo de lo interior y las incompatibilidades son obvias para todos, menos para quien está involucrado en la historia. He dicho.

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balance del año: terapia y amigas

El que no arriesga no gana dijiste
el que arriesga puede morir por amor”
– Loco por volverte a ver, Las pastillas del abuelo

-“¿Qué harías si supieras que esta vez todo va a terminar bien?” – me preguntó el pasado sábado mi brillante psicóloga.

-“Qué le dirías a esa Vera que actúa casi con la certeza de que le aguarda un próximo fracaso amoroso? ¿Cómo la aconsejarías para que pueda identificar una situación nueva, mejor, diferente?

Noté como me miraba, a pesar de estar tendida en su diván. Dejó pasar unos segundos y volvió a la carga:

-“¿Qué pasa cuando eso que tanto esperabas, finalmente llegue?”

Es bicha, mi terapeuta: tiene unas intervenciones fantásticas. Irrita y con frecuencia es tan punzante que dan ganas de mandarla lejos, salir corriendo, huir.

Me quedo en silencio. No se que responderle.
Sabe que dio en la tecla, una vez más:

-“Si no te preparás para ver algún día algo diferente, no vas a detectarlo. Si no te animás a vivir algo nuevo con ojos más ingenuos, como si fueras más inexperta, como si no te hubiesen lastimado, la posibilidad te va a rodear y vos la vas a dejar pasar.”

Me animé a hablar:

-“¡Es que tengo miedo! ¡Nunca antes funcionó! … ¿Por qué esta vez podría ser distinta?”

 
Entendió:

-“Vera, todo puede pasar: la vida falla. No hay infalibilidad. Tenés un trabajo, un novio, una familia y en un momento, inesperadamente, los podés perder. Podés perder hasta tu salud. Tener, concientemente, significa obligarse a convivir con el miedo de perder.

Pero no podés estar dominada por el miedo. Paralizada por la posibilidad de perder.

Veo que ya no querés arriesgar más. Veo que te volviste cínica, escéptica, ciega a las posibilidades. Así solo estás resolviendo el enigma para el lugar del cumplimiento de tu auto-profecía: te vas a quedar sola. Tu mala suerte va a girar en loop, realimentándose de tus propias convicciones…”

Salgo de terapia y llamo a Carla que me dice:

-“¿Sabés que, Vera? Igual prefiero ser de las que vuelven a creer, de las que queman las naves. Es cierto, vuelven a perder… pero al menos les pasan cosas. Quien sabe si, el día en que nos llegue la buena racha, al menos esta experiencia nos va a servir para identificar lo que no queremos. Llamame loca, pero prefiero “triste” a “conformada”, prefiero “dolida” a “muerta”.

You can say I´m a dreamer, but I´m not the only one… je.

Disclaimer: se que hoy iba a postear más sobre Duilio e India, pero lo dejo para mañana. Esto va por vos, Carla.

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Las Pierce, just branding

La suerte de la fea, la linda la desea” – anónimo.

Desde chica adiviné que iban a ser parte de Las Afortunadas.
De familia acomodada, bien educadas, gráciles, femeninas y hasta con destreza natural para artes y deportes. Y, como si fuera poco: soberbiamente bellas, las chicas de Pierce.

Sus ojos claros iluminaban la tierra que pisábamos nosotros, los mortales, contrastando con sus pieles doradas durante todo el año. Glamorosas ellas, casi en la categoría de “Diosas”, las mellizas Bárbara y Linda Pierce.

Linda Pierce. Tan inteligente que era brillante, pero con modales simples, con rostro galés, frente amplia, labios carnosos. Esbelta y de belleza clásica, paraba el tránsito de las calles de Isidro cuando caminaba hacia el club con su palo de hockey, Linda.

Bárbara Pierce. Tan misteriosa y felina. El alma de todas las fiestas, la protagonista de todos los school plays, la que salía filmada en la tele porque el camarógrafo del trece no podía despegarse de su embrujo el primer día de la temporada de Punta, quitaba la respiración, Bárbara.

Por supuesto, eran las novias de los hombres más deseados de la ciudad.
Hacían justo honor a su nombre, tan lindas ellas, tan bárbaras.

Las conocí cuando todavía también yo era parte del clan de Las Afortunadas, durante la facultad, y por cosas del destino, dejé de verlas justo antes de dejar de serlo.
Durante esta última década me las imaginé exitosas en prácticamente todo, con fortunas concordantes con el pasado que habían sabido disfrutar.

Ayer volví a ver a las mellizas Pierce luego de diez años en una reunión más de fin de año. Y si bien vengo de una década infame de derribar mitos y destruir castillos imaginarios, aún así no podía creerlo, tan atada que está una al pensamiento de que el futuro está en línea con el pasado, cuando no es así.
Y – por favor, que cliché – no esperen que les diga que me las encontré arruinadas, feas e insulsas. Eso no pasó. Estaban, incluso, mejoradas respecto de mis recuerdos.
Linda seguía siendo linda. Bárbara seguía siendo bárbara.
Las mellizas Pierce, sin embargo, no habían tenido suerte en el amor, contra todo pronóstico.

No viene al caso contarles sus historias falladas, de traiciones y desencuentros, de pena y dolor, de cartas astrales frustradas.
Lo que si es importante es que les cuente que nos pasamos la tarde mirando fotos de casamientos y maridos y bebés de las que considerábamos chicas promedio hace 10 años atrás. Felicidades de aquellas que hace quince años no se destacaban, que parecían no atraer, que se consideraban invisibles. Ellas, que estaban ahora casadas, noviando, con hijos, con amantes. Ellas, que eran queridas por tantos, las nuevas chicas populares.

Y las Pierce, solas.

Otro claro ejemplo de que el branding puede construir un lugar en la mente del consumidor target pero, finalmente, puede fallar en el momento de la verdad, a la hora de la venta.

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Globosofiando

Mi abuela tenía una teoría muy interesante; decía que todos nacemos con una caja de fósforos adentro, pero que no podemos encenderlos solos… necesitamos la ayuda del oxígeno y una vela. En este caso el oxígeno, por ejemplo, vendría del aliento de la persona que amamos; la vela podría ser cualquier tipo de comida, música, caricia, palabra o sonido que engendre la explosión que encenderá uno de los fósforos” – Como agua para chocolate, Laura Esquivel

Mi amiga Estefanía es Clown. Bueno, trabaja de eso. Su especialidad es la Globología.
Fuera de todo chiste, aprendí a no subestimarla cuando empecé a ver que su pasatiempo empezó a ser para ella una fuente laboral que la lleva a ganar casi el doble de mi sueldo.
Igual mi sueldo es fácilmente duplicable, pero eso sería otro post, para #lascorporativas… (o material para otro blog acerca de la #malasuerteserial at work)

En fin.

Sin irme más por las ramas les cuento que Tefi, como le decimos por el barrio, empezó a explotar esta habilidad de hacer reír a chicos y grandes de forma natural hace añares.
Y a inflar globos y más globos desde entonces: los manipula, les da forma, los ata, los dibuja, los combina, los hace volar y eventualmente los explota.
Pero, más que nada, los infla y los desinfla.

Y sobre eso me hablaba hoy, gesticulando con mohines de payasa, mientras que devoraba cheese cake de maracuyá:

-“De onda Vera, para mi que todo esto tiene un sentido” – me escruta con sus grandes ojos azules. Y sigue.
-“Miralo en los globos:
Cuanto más se des-inflan, más fácilmente se vuelven a inflar. Más resistencia tienen, más capacidad de adaptación a nuevas formas, el aire que pueden contener es mayor. Son más grandes, más fuertes y mejores globos. Mucho mejores globos.
Si no pasan por ese proceso explotan casi en el primer contacto con el aire. Un globo que toma forma definitiva después de haber sido inflado y desinflado muchas veces vive mucho, muchísimo más
.”

No entiendo el paralelismo. Hoy no estoy para metáforas.
Ella hace caso omiso, como siempre. Y sigue, siempre sigue.

-“La #malasuerteserial no existe. Nada de eso. Solo estás entre las pocas afortunadas que pueden entrenar su capacidad de amar algunos años, hasta que llegue el hombre definitivo. Cuando lo veas, vas a estar preparada. Tu capacidad de amar va a ser otra. Vas a poder entender como funciona esto de estar con alguien sin dejar de ser, sin perder la libertad, sin despersonalizarte.
Cada vez que te enamorás, tu corazón se infla, tu cabeza se llena de él, tu vida se vuelve un poco más completa. Cada vez que la cosa no funciona quedás desinflada, sin aire, deformada.
Pero tenés que reconocerlo, es un ejercicio. Es una preparación espectacular.
Y vas siendo cada vez más capaz de querer de veras, mejor mina e incluso, más fuerte.”

Bullshit, pienso.

Se da cuenta, pero de nuevo sigue. Es una bloody clown, sabe de eso.

_ “Vera, podés verte deslucida desde afuera. Podés compararte con los otros globos que nunca han sido inflados. Lucen mejor, es cierto, pero guay que les pase algo, que se posen en un terreno un touch áspero, que les de un poco el sol.
En cambio vos, querida amiga, vos vas a durar para siempre

Y casi por primera vez en este mes, sonrío.

Al final si. Era un día para teorías.

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Vera & The Fab Four

fabfour

No, señoras y señores, no son The Beatles.

Son nada más, ni nada menos que mis cuatro amigas bloggers:

(de izquierda a derecha) Ollie, Sofi, Carla y LaLoca.

Felicitaciones a la sublime interpretación de las personalidades de mis amigas hecha por Pedro Garassino (piugarassino@gmail.com)  diseñador gráfico y nuevo amigo de Carla. ¡Muchas gracias!

Nos mató la estética Moulin Rouge fusionada con Chicas Bond…  Fantastique.

 

Y, si… Así como antes hubo un D´Artagnan y los 3 mosqueteros, Jem & the Holograms, ahora hay una nueva agrupación:  Vera & the fab four.

Beware, comunidad blogger. ¡Acá vamos…!

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