El ex de una amiga: la historia de Alejandra


“Mis hermanas son mis mejores amigas, mis mejores amigas son como hermanas.”  – Eloísa Monsalve

Lo bueno de la virtualidad es que te permite ampliar la mirada, conocer otras realidades, aprender a sentirse menos sola con las experiencias de los otros.
Ayer entré a Facebook y tenía este mensaje de una de mis nuevas amigas: Como no puedo revelar su nombre, digámosle Alejandra…
El mail escribía así:

 

Vera

Yo no sé si esta es una historia digna para tu blog.
Pero, por lo menos a mi, ya me ha quedado claro que soy víctima de la mala suerte serial.
Incluso le he mostrado tu blog a mis amigas y ellas coinciden conmigo: somos parte de la casta de Las Desafortunadas y nos sentimos muy identificadas con tantas historias que podrían ser las nuestras.

Ahora mismo tengo el corazón hecho añicos y ocupado por el odio. Ya se que suena feo, pero es lo que siento: ¿Se puede odiar a alguien sólo porque te hace sentir desdichada, confusa?

Tengo ganas de hablar. Quiero compartir mi historia con vos y con todos de una manera limpia y sincera. ¿Me dirás, luego, si para vos vale la pena compartirla con otros?
 
Besos grandes,
Alejandra


Pues si, Ale, es una historia digna para el blog. Acá va la primera parte:


Le conocí un verano, llamémosle, Juanjo.

Era una reunión de amigos. Él pasó la noche hablando conmigo y aunque era rubio, alto, de intensos ojos azules, mirada felina, abogado, divertido, culto, inteligente, caballero, ingenioso, gracioso y había química entre nosotros, yo no estaba muy segura de si me gustaba. Así que mi interés, digamos, era de nivel medio.

Al entrar en el pub – terraza en donde estábamos, mi amiga…llamémosle Daniela, que es chilena y estaba de visita ese verano nada más, me preguntó si Juanjo me gustaba. No estaba perdida y por eso, no fui totalmente enfática, pero si le dije que no descartaba la idea y que parecía ser un hombre bastante válido.

Entonces ella, que si ya le había echado el ojo desde el primer momento, no perdió tiempo.
Atacó sin más y terminaron besándose delante de todos.
A mí no me importó tanto, total, le acababa de conocer y ni siquiera estaba segura de mis sentimientos.
Claro que no contaba con la realidad de vivir, ambos, en la misma minúscula ciudad.
Como Daniela estaba parando en mi casa, encontrarme a Juanjo se volvió habitual y cotidiano.
En esta especie de romance veraniego, Juanjo venía a verla acompañado de un amigo y mientras que él y Daniela hacían de las suyas en el cuarto contiguo a mi living ( – y cuando digo esto imagino sexo brutal, mezclado con altos niveles de toxicidad, alcohol, desesperación y novedad – ) yo, desde mi living, evitaba los acercamientos continuos del amigo, que creía que había que hacer doblete, como si la atracción se contagiara.
Resistí todo lo que pude mientras que Daniela se quedó en la ciudad y el ritual se mantenía:
seguimos saliendo con ellos y la dupla Juanjo – Amiga se comportaba como si fueran pareja.
Fui conociendo más al hombre que iría a desvelarme en lo sucesivo y saqué la primera conclusión: Era un tipo que no trataba a todas las mujeres igual: Mientras que conmigo era todo un caballero, con Daniela se convertía en un espécimen mucho más primitivo.

Daniela regresó a su país, pero antes de eso, el harem de 4 intercambió coordenadas, mails y números de teléfono.
Empecé a encontrarme diariamente en el msn con Juanjo. Los fines de semana, incluso, me localizaba mediante mensajes de texto y llamadas. Me invitaba a fiestas con sus amigos, presentar a nuestras respectivas amistades e no tardó en proponer también salidas más íntimas como cenas y cines.
Yo lo acompañé a dos o tres salidas grupales pero ignoré durante unos meses sus propuestas de citas a solas.
Hasta que, finalmente, pasó. Me dijo que le gustaba muchísimo, que me llevaba rondando todo un verano, que sentía que había química y complicidad entre nosotros.
Yo no sabía que hacer, me sentía incómoda en la situación, puesto que ya se había acostado con mi amiga Daniela. No confiaba demasiado en alguien que hasta hacía poco tiempo declaraba su amor por otra y que ahora me decía que quién le gustó desde el primer instante fui yo.
Pero él se llenaba la boca de halagos y se deshacía en excusas, disculpándose por haber elegido el camino más corto y fácil, arrepentido de no haberme elegido en primera instancia.

No sé cómo me convenció, pero lo hizo. Y terminamos liados.

CONTINUARÁ…

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15 comentarios

Archivado bajo encontrando el camino

15 Respuestas a “El ex de una amiga: la historia de Alejandra

  1. la historia mal no empieza… hombre, algo complicada, está claro… pero me da a mi que vamos a querer pisar a este tio en el proximo post…

    no tardes vera… ok?

    besos mil para las dos.

  2. La

    mmmm, en qué terminará esto??? no me gusta ese juanjooo, alguna cagadita se va a mandar
    espero ansiosa, como siempre

  3. Regina Rauda

    Impaciente espero el siguiente… :D

    Antes o después caemos en sus redes…ya puedas ser (o creer que eres) inteligente, profesional, segura de tí misma, culta, ingeniosa, etc…al final, caemos.

  4. y qué hay de eso que los novios de las amigas se convierten automáticamente en hermanos, en amigos INtocables? … ahí falló un primer filtro…

  5. Laura

    Daniel: Eso de que “los novios de las amigas no se tocan” creo que es un código más masculino que femenino, no sé si en las mujeres es tan así (yo conozco muuuchos casos en los que no se cumplió el “código”).

    O no al menos en este caso, en el cual las dos chicas conocieron al muchacho en cuestión al mismo tiempo. Hay novios intocables enamoradísimos, hay semi-novios que les gusta histeriquear “hasta ahi” y hay historias en las cuales (como ésta) él dio el primer paso invitando a Alejandra (en fin, tan novio no era).

    Entonces, supongo que depende de Alejandra decidir que va a a hacer.

    Espero el próximo post para ver cómo termina la historia, muy buena Verita!

    Saludos!

    • verasmith

      que bueno que te gustó, Lau!
      más en breve

    • Tenés razón, es igualmente SOLO un código. Depende de cada uno el juego a jugar. Yo siempre preferí girar unos cuantos grados para no mezclar. No me gusta sufrir y rajo de ahí. Hay taaaanta gente suelta en el planeta… que para qué complicarse no?

  6. piripiri

    che, yo tengo mala suerte serial. pero me hago cargo de lo que hago para conseguirmela!

    te metiste con el “chongo” de tu amiga… y sí, jodete.

  7. lau

    Leyendo la segunda parte veo que el hecho de que fuera “novio” de una amiga es lo de menos…

    Ahora espero la tercera … :)

    Beso!

  8. Pingback: ¿Hacer el duelo y ser amigos?. La historia de Aleja, parte III « Le pasó a una amiga

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