Acción Evasiva


 “El tiempo no tiene el mismo encanto para todo el mundo” –  William Shakespeare

Ayer madrugué, porque tenía que estar en el centro a las 7 sharp..
Me había pedido un taxi para las 6, con anticipación, ya que el compromiso que me esperaba exigía mi absoluta puntualidad.

La pesadilla empezó a las 6:05 cuando nadie tocó el timbre en casa. 
Enojadísima por los 5 minutos de atraso llamé a la agencia, reclamando a viva voz por el taxi que brillaba por su ausencia.
Una mujer con voz trasnochada me dejó en línea por 10 minutos y pasado ese purgatorio me informó que el vehículo había malinterpretado el lugar de mi residencia  y se encontraba a millones de kilómetros de mi departamento.

Pero que no me preocupe, dijo ella, porque raudamente el hombre atravesaría la ciudad para  encontrarse conmigo y llevarme a destino.

No fue así: el terriblemente irrespetuoso y claramente desubicado taxista solo llegó a las 6 y 40 cuando yo ya me había comido las uñas hasta lastimarme y había perdido toda esperanza de llegar puntual a mi cita.
Bajé a la calle como quien se deja llevar por el diablo, dispuesta a ladrarle ante el primer intento de disculpas.
Pero me llevé una sorpresa fuerte cuando, en lugar de lucir consternado, dicho taxista aguardaba mi llegada sonriente, sosteniendo abierta la puerta trasera del auto.
Pacífico, como quien no ha cometido ningún mal.

Resignada, entonces, entro al auto y me siento.

Sin subir y como si fuera dueño de todo el tiempo del mundo, gasta unos segundos eternos para entregarme 3 diarios de su propiedad y darme un pequeño discurso acerca de la prensa independiente, la ley de medios y otros asuntos de actualidad.
Me ve que dejo los diarios en el asiento y se anima a recomendarme que empiece la mañana informada.

Le ladro que hubiese querido empezar la mañana llegando a tiempo a mi cita, que si podíamos irnos, por favor.

Sube al auto y sale manejando despacito.

No pasan dos segundos y él ya está ofreciéndome una menta.
Luego una factura.
Dos cuadras adelante me pregunta qué música quiero y me hace recorrer todas las carpetas del mp3 que tiene conectado a sus parlantes.

Me hago la dormida y me ofrece una almohada.
Y sigue, sigue, sigue.

Tratando de dar un buen servicio. Esforzándose.
Y equivocándose una vez. Y otra. Y otra.

Abro los ojos y veo que estamos yendo al centro por Av. del Libertador.
Desde donde yo estaba era el camino más largo.

-“Discúlpeme, pero quisiera saber por qué estamos yendo por acá” – le digo, con ganas de gritarle y bajar de su auto en ese preciso instante.

-“Ahhh querida, es que es un día taaaaaaaaaan lindo que asumí que querías disfrutar de la vista de nuestros espacios verdes”, replicó.

No iba a ganar. No podía.
Así es que fingí una sonrisa y le dije: – “Bien hecho. Muchísimas gracias

Y pasé todo el resto del viaje pensando en las múltiples veces que terminé fingiendo para zafar de un hombre que no entiende la forma de hacerme sentir bien…

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8 comentarios

Archivado bajo caraduras

8 Respuestas a “Acción Evasiva

  1. Miura005

    Muy buen post, me encanta la forma que tenes para canalizar las cosas.

  2. Me sentí mal de solo ir leyéndote, taxistas chotos! cuando uno quiere ir rápido te vienen con cualquier cosa, como para matarlos!!!!

  3. Qué desgraciadoooo!!! Aunque es extraño que un taxista sea simpático, o intente serlo…
    Quisiera saber a qué hora llegaste… seguro que como a las 8:30 AM.
    Besotes!

  4. cv253

    Vera, fiel a mi costumbre suelo decir las peores cosas con la mejor intencion.

    La culpa estimada vera no es del taxista ( en esta ocasion), la culpa es tuya porque vos no le dijiste (al menos eso entendi yo) cual era tu intencion, que esperabas, y que no. Diste por entendido que el sabia lo que tenia que hacer y eso te trajo muchas complicaciones.

    Para que te hagan sentir bien, tienen que saber que es lo que te hace sentir bien, sino seran solo intentos certeros o fallidos, depende del azar

  5. CARUSO

    NO, NO, NO!!!!!! Vos llegaste tarde, te quedaste envenenada y el sujeto está convencido de que te alegró el día (y por qué no la vida). Imaginalo en una fonda como la de la película Bolivia explayándose exultante ante sus colegas…Vos no te lo merecés, pero él, MENOS.

  6. Sofi

    ODIO LOS TAXIS
    lo peor es que les tengo muuuucho miedo, porque mi paranoia ve en cada uno de ellos un delincuente encubierto, entonces recurro a una absurda tecnica: tratar de caerles simpatica, que si son asesinos les de pena matarme o dejar a mi hija huerfana… en fin, yo tampoco lo hubiera peleado, aunque por diferentes motivo, triste.

  7. Me acordé de la frase de Sabina: La ternura de los dinosaurios. La tortuga que rompe a volar.

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