Tribunal


“bang, bang, bang
hojas muertas que caen,
siempre igual,
los que no pueden más
se van.” –
Charly Garcia.

 

 

Hoy me acordé de algo que no les había contado antes.

Me sucedió en mi era B.B. (before blog), así es que no lo había puesto por escrito.

 

Hasta ahora:

 ….

 

Fue muy extraño cuando desperté esa mañana de los primeros días de enero. Doblada sobre mi misma, desacostumbrada a la mezquindad de espacio que tienen los colchones de una plaza.

Enferma, estaba recién reinstalada en la casa de mi madre, contra mi voluntad y mi sano juicio, durmiendo en cama prestada adolescente.

 

Desperté, entonces, después de una de las tantas noches que habían empezado en llanto,  de un sueño pesado, profundo y negro, como casi todos mis sueños habituales.

 

Todavía no había amanecido.

 

 

Al despegar los ojos, me encontré en un ambiente oscuro de sombras, en el que resultaba difícil distinguir las formas. Y a pesar de la oscuridad y la incerteza del ambiente, pude ver que no estaba sola.

 

 

Ellos eran cien, cien mil o diez mil bichos, monstruos, insectos. Mezclados y escondidos en ese cuarto, moviéndose con soltura entre grandes plantas tropicales que, a su vez, se mezclaban entre lianas y redes.  Bichos monstruos e insectos de varios colores, especialmente rojos, negros y marrones, en su mayoría con pelo largo y sin brazos.

Bichos, monstruos e insectos, que estaban donde antes había solo muebles.

Muebles, que ahora eran usados para refugio de estos nuevos usurpadores, plantados definitivamente ahí, mirándome.

 

Si. Eso era lo que hacían. Todos y cada uno de ellos me miraba intensamente.

 

 

Me incorporé en la cama, sin poder emitir sonido. Recuerdo que pensé en gritar y al mismo tiempo pensé que no valía la pena. Sentada, agité los brazos, para espantarlos. Ellos se movieron sin tocarse, en sintonía, acompañando mis movimientos.

 

-“Por favor”, – Pensé – “Que se vayan”.

 

 

Pero no se fueron. Algunos, apenas, pestañearon de forma cortés. Pero de irse, NADA.

 

Me paré, di unos pasos y salí al pasillo distribuidor, notando, para horror mío, que este mundo se había trasladado al resto de la casa: telarañas caían del techo, con sus dueñas que paseaban por encima de mi cabeza.

 

La biblioteca estaba cubierta de moho y en ella había dos grandes ventanas con ojos y más ojos que me miraban.

 

Por mujer, por neurótica y por sabia, sentía miedo, básicamente miedo.

 

 

A esta altura empecé a entender más la escena: ellos estaban todos ahí, reunidos, para observarme. Cada uno de los bichos tenía una expresión distinta reflejada en su rostro y, aunque la mayoría me miraba sin odiarme, yo no podía evitar sentirlo…

 

El juicio.

 

 

Alguno reía. Los del fondo fruncían el ceño. Uno largo negaba con la cabeza. Los que tenían pico chillaban sin sonido y los amarillos alzaban la ceja. Dos chiquitos lloraban en forma inaudible.

 

Entré al baño y milagrosamente los más grandes se hicieron a un lado para dejarme pasar. Me lave la cara y los vi a todos fijos a la cortina de la bañadera.

 

–          “Por favor, por favor. Estoy despierta. Esto es un sueño”.- pensaba yo. Pero bien sabia que los sueños solo pasan cuando una está dormida.

 

Entré al cuarto de mis padres y con gran pesar les avisé que estaba sufriendo una alucinación, explicándoles también que veía plantas sobre sus cabezas.

 

–          “Es una pesadilla, Vera, volvé a dormir”. – me dijo Mamá.

–          “No pasa nada.” – me dijo Papá.

 

 

No volví a dormir. Todos los Bichos, Monstruos e Insectos vendrían conmigo.

Y claro, tenía miedo que ataquen, ante mi más mínima equivocación.

 

– “Quiero que se vayan”- Dije, y prendí la luz, en el Living.

 

Así, me quedé sentada, inmóvil, con la mirada fija en la ventana, esperando el sol, rogando para que Él salga.

 

Y ellos no se fueron, no se fueron nada, hasta que finalmente terminó de amanecer.

 

Los pares de ojos, en cambio, siguieron ahí.

Flotaron en el aire de la casa de mis padres y me persiguieron por días, apareciéndose en los rincones menos esperados.

 

Apelé la sentencia, pero el Tribunal me volvió a encontrar culpable.

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24 comentarios

Archivado bajo viernes 3 A.M.

24 Respuestas a “Tribunal

  1. carlayork

    Bichos o no bichos, i´ll be there

  2. cv253

    Uffff, que denso, no me gustaria estar en tu lugar. Cuando estoy muy cargado mentalmente me suele suceder de tener sueños repetitivos, en los que sigo una rutina y me desespero por salir de ese estado. En mi caso tengo casi definido que se debe a mi “fobia” a la rutina, en tu caso sera la “fobia” a ser juzgada?

  3. Muy buen blog!
    Te encontré por Twitter y te voy a seguir ;)
    Saludos!

    Lei.

  4. la loca de al lado

    Vera querida, juro que senti tu miedo, el karma de ser empatica. Y en eso, en ese miedo, nos parecemos y muuuuucho. Porque si bien es verdad que todos queremos agradar (si, toooooodos!), el sufrir ante la posibilidad del rechazo, del ser juzgado, es un poco mas complejo. Y sino, preguntale a mi terapeuta!!! 12 años de divan laburando LO MISMO!!! porque cambian los personajes, cambian los bichos, tienen distintos formatos, ojos, hacen distintas cosas, pero eso poco importa. Pero se puede, hoy tengo fe que se puede, ir un poco mas liviano!!

  5. ro

    Bueno, yo le veo la forma de sacarle provecho a la alucinación y a ese miedo que todos tenemos de que nos juzguen, de no “caer bien”.
    Eran bichos, no? Alimañas horribles? Pues está muy bien que no nos quieran los monstruos… sería terrible si de pronto nos adoraran. Nada peor que el amor de monstruo.
    Los cucos están hechos para eso, para asustarnos, para enfrentarlos… y vencerlos!!!

  6. Me hace recordar tanto a una serie de viajes astrales involuntarios que tuve a principios de siglo (lease año 2001)

    Escribís bárbaro nena. siga así.

    Kind Regards.
    :)

  7. valedc

    Qué historia! Me deja desconcertada…Hay realidad en esta fantasía: eso de sentirte enjuiciada por sus miradas es llamativo. La mirada del otro es algo que evidentemente te preocupa, auqnque perdón, no quiero abandonarte, por lo cual, rectifico: nos preocupa. Si no fuera por el maldito que dirá el otro, nos iría mucho mejor. La sociedad como tal es su propio karma.

  8. Roberto

    Muy bueno el relato! Estamos conectados en Twitter y siempre me divierten tus intervenciones. Te recomiendo para el tema de “la mirada del otro” y sus implicancias metafísicas a Sartre. Los existencialistas han sido expertos en la cuestión… aunque el pesimismo les impide ver también en la “mirada del otro” un camino de redención y promoción (para apuntar sólo dos aristas del amor).
    Exitos, Roberto.

  9. Me hiciste sentir en una película de ciencia ficción. Me empezó a picar la cara. Me rasqué. Me pica más. Ahora las piernas. Puaaaj me sentí atacada por los bichos jajaja

    A veces me pasa lo mismo de fijarme como me van a juzgar los de afuera, “y si les caigo mal?”, “¿y qué van a decir de mí?”. Pero hace un tiempo que me está importando muy poco. Y mi filosofía devino en: “Si te caigo bien y si no mala suerte”.
    Por ahora tan mal no me fue con la gente, creo que no soy un ogro destestable. Así que seguiré así.

    Saludos :)

  10. lo volvi a leer, por cuarta vez!
    me pasa lo mismo, en eso de sentirse “no querido”

    buen viernes pata todos

  11. Todavía lo estoy estudiando el relato es fantástico!!!. El tema es mortal.-
    Aquí esta en juego el ego, el ser aceptado, el que dirán, el juicio de la gente
    Como debo manejar mi ego?. Esta bien no tener enemigos?. Y la soberbia?
    Es bueno que todos me soben el lomo?
    Como verás esto esta para una larga reflexión.-
    Cariños
    PIPUS

  12. juliet

    estos dias estoy en mi propia habitacion con bichos.
    a veces hay que presional la tecla de la luz hasta lograrla.
    hace tiempo que leo tus cosas y asiento con la cabeza pero me cuesta con las mias…
    me es mas facil para mi ser cuando estoy sola. hice la vida entera pasando historias como las que contas sin mi estrella pero entera ahora el camino de dos me esta costando.

  13. Moni

    Muy Kafkiano tu sueño Vera, quizas hayas leido La metamorfosis y el resto fue una mezla y juego de tu inconsiente. Igual todos estamos signados por “la mirada del otro”, ya sabes no estas-estamos solas.

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