Donato, Psico


Asusta pensar que acaso las admiraciones más sinceras que tenemos son las de las personas que no nos han comprendido” – Benito Perez Galdós

 

 

Donato y Fiona estaban en un NO-NOVIAZGO desde hacía ya 4 años.

 

Expuesta a ojos o miradas poco atentas, ellos podían parecer una pareja ideal: ambos brillantes, esplendidos, exitosos.

Llegaban juntos e iluminaban con su presencia todos los rincones.

Ocupaban todos los espacios.

Eran geniales por separado y juntos parecían perfectos.

 

 

Pero para Fiona estar con Donato era un suplicio: sufría y temía cada encuentro.

Y estar enamorada, para ella, era un trabajo.

 

Donato trataba a Fiona como un gato trata a un ovillo de lana: la revoleaba, la deshacía, la enredaba, la enmarañaba, la desarmaba.

 

Cada vez que Fiona volvía a su casa ella recomenzaba el arduo trabajo de reconstruir su autoestima y renacía, como Fénix, días después.

 

Y volvía a él. Siempre volvía.

Aunque Donato exigiera de Fiona la perfección absurda, absoluta.

 

Ella intentaba.

Se desvivía  por consentirle los requisitos, tratando de cumplir con todos los estándares.

Poniendo gran parte de su energía y de su libido en no fallarle a ese hombre que la sacudía, moviendo los hilos de su vida como titiritero a su marioneta preferida.

 

Porque ese tipo que se había convertido en su obsesión, en sus ganas de vivir, en sus motivos para levantarse de la cama ya la tenía sometida.

 

Él, psicópata. Ella, rehén.

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3 comentarios

Archivado bajo los peores casos

3 Respuestas a “Donato, Psico

  1. ro

    chan!!! conozco de eso, es un horror vivirlo, es terrible ver como le pasa a amigas y amigos… se ha vuelto tan común que tengo la impresión que el mundo actual es el paraíso de los psicópatas.

  2. valedc

    Mas que psicopateo, es un neurotismo total… de parte de ambos. Obsesionados con ellos mismos, mas que con el otro. La autodeuda pendiente de ser lo mejor que se pueda, o por lo menos, como buenos obsesivos, aparentar que se ha logrado. No alcanza con ser mejorcitos, la cuestión es ser el mejor. Y demostrarlo. Y lo hacen tan bien, que ellos mismos se terminan convenciendo de que son felices. Es una actuación perfecta. Un superyó absolutamente censurador que impide que salten las imperfecciones y los defectos. Conozco varios casos en los que la presión por querer simular que todo está más que bien, genera con el tiempo el desborde y la explosión total; una anarquía interna que no deja a nadie en pie…sobre todo a quien la padece en carne propia. besos

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