Fanny naufraga


Fuck me badly once, shame on you. Fuck me badly twice, shame on me.” -Samantha, Sex & The City

 

Mi hermana Fanny pasó año nuevo en un crucero.

El plan era soñado e incluía pasar la velada de año nuevo en Copacabana.
Más de 2500 pasajeros y en su mayoría grupos de amigos solteros. 

Se fue para allá con el radar ajustado: quería conocer a alguien. Quería divertirse. Quería animarse.

 

Ya la primera noche hubo fiesta al lado de la pileta.

Antorchas, velas, música cool. Fanny se divirtió horrores y no paró de bailar hasta que sus pies cansados pidieron refugio en el taburete de la barra.
No tuvo tiempo ni para reencontrarse con sus pensamientos, porque súbitamente un hombre liiiiiiiiindooooo, con reminiscencias al mítico Don Juan DeMarco se dispuso a hablarle.
Alto, rubio, musculoso, con una sonrisa que derretía el hielo hizo uso de la mejor de sus cualidades: el habla.

Fanny no tardó mucho en decidir que quería a DonJuan para su currículum vitae y después de escuchar algunas buenas frases de levante accedió a besarlo sin miedo a arrepentirse.

La fiesta llegó a su fin y las antorchas y velas finalmente se apagaron.

 

Fanny y DonJuan fueron hasta la proa a “conversar”. 
Sin preámbulos, él intentó sacarle la ropa ahí mismo.

 

A Fanny el exhibicionismo no le movía un pelo, con lo cual se safó de los brazos de DonJuan y le dijo, mordiéndose el labio.

No acá, no ahora, no hoy

 

Dicho esto, se despidió con un beso de buenas noches y dejó sin premio a un DonJuan perplejo.
Y se fue a dormir, lo más campante.
DonJuan volvió a la fiesta.

 

 

Durante todo el crucero Fanny y él volvieron a cruzarse lo suficiente como para que ella descubriera un patrón de comportamiento bastante obvio:
Todas las noches DonJuan se iba a la proa con una chica diferente.
Cuando la cosa iba bien, volvía a la fiesta con una camisa distinta ( – “Elemental, mi querido Watson: el piso de la embarcación estaba mojado”).
Cuando la cosa no había funcionado, el volvía a la fiesta abatido, sin cambios en el vestuario.

 

Pasaron 15 noches y en ellas Fanny vió desfilar todo tipo de mujeres y todo tipo de camisas.
La noche de Copacabana, sin embargo,  DonJuan volvió a buscar el premio mayor: la que se le había resistido.

Estos tipos no aceptan un “no” como respuesta.

 

Fanny accedió a dormir con él, aunque no en la proa.  Pero no hizo falta: la cosa no duró más de 2 minutos.

Y así, develó el karma de los DonJuanes en carne propia: tienen que llevar cada día una mujer diferente a sus vidas porque a la hora de la verdad dejan mucho que desear.

 

Ojo con los chamuyeros:   El marketing  personal puede vender cualquier cosa.

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3 comentarios

Archivado bajo los peores casos

3 Respuestas a “Fanny naufraga

  1. Buuu, fraudeee, devuelvan la guita!! (?)

    Cuando le dijeron que el muchacho era “una luz”, Fanny jamás hubiese imaginado eso…

    Saludos!!

  2. juaaajuaja me encantó. Muy bueno…ufff me hace acordar a “algo que le pasó a una amiga” ;)

  3. Pingback: Don Juan está solo « Le pasó a una amiga

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