lili no pone resistencia


“Heridas y ojos son bocas que nunca mienten” – Calderón de la Barca.

Ayer cené con Lili:

– “Julio finalmente pasó la primera base ayer” – suspiró.
– “Y digo – “finalmente” – no porque hubiese estado esperándolo con ansias, sino porque lo veía venir desde hace días” –

La miré fijo, esperanzada.
Lili lo dedujo y negó rotundamente con la cabeza.

-“ Pasó, si. Pero mal, muy MUY mal. La peor, la peor vez de todas” – dijo, categórica. “La peor. Y, tristemente, la dejé entrar a mi historia como a una buena, deseando que el reloj acelerara, que desaparezca, que un rayo fulminara el lado derecho de mi cama…” –

La mirada azul de Lili se ensombreció a medida en que me fue dando más y más detalles. Me narró como Julio no pudo y no supo activar ninguno de los botones de su cuerpo. Como fue que no la interpretó, ni la cuidó. Cómo fue que se sintió durante horas maltratada, ultrajada, hundida, penalizada. Como no se animó a decir que no de forma categórica. Como él se había ido satisfecho. Cómo él no había entendido

La escuché indignada, pero no atónita.

Cada vez más pasa que, como ella, terminamos en la cama con perfectos bestias, energúmenos y patanes: víctimas del miedo.

Noches que son resultado del terror que sentimos, de la amargura, de la certeza de que lo único que nos podemos merecer es otro idiota más que nos trate como muñecas inflables animadas.

Noches que se acumulan en más meses y más años de Lilis, Anitas, Marcelas y Paulas insatisfechas, frustradas, malcogidas.

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