La ecuación de Juana


Nunca tendrás lo suficiente de lo que no necesitás para ser feliz”- Eric Hoffer

 

Juana salió de camino a ver a Sara, su psicóloga, sin todavía decidir si Santiago iba a ser el tema central de la terapia hoy también.
La ecuación costo-beneficio no había cerrado nunca: ella era la que se entregaba sin exigir casi nada a cambio y, finalmente, la que pagaba por cada una de las sesiones de análisis en dónde trataba de salir lo más ilesa posible de su combo fatídico.

 

Media hora antes, Santiago la dejó en la parada del colectivo, le aseguró por vez número quinientas mil que la amaba y le juró que todo, todo, todo hubiese sido distinto entre ellos si el destino los hubiese juntado algunos años antes.

 

Pero los astros no se habían alineado lo suficiente. Entonces a Santiago no le quedó otra que avanzar hasta el semáforo siguiente, encogerse de hombros, maldecir un poco por su mala suerte.

 

 

Juana configuró su cabeza lo mejor posible para enfrentar un fin de semana de dudas, depresión y soledad.


Santiago volvió a su casa y se olvidó del asunto. Al final, ni su mujer ni su hijo se merecían su remordimiento.

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